Edición 363

Escándalo Americano

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Escándalo AmericanoHa llegado la política a la pantalla de cine, como escenario de sobornos, asociación para delinquir y modo corriente de ganar posición social. Una vez más el cine muestra su capacidad para mostrar magistralmente y con lujo de actores lo que sucede en la vida real.

Desde las películas del Gordo y el Flaco, del cine mudo y la aparición de grandes directores, divas y galanes, este medio masivo se ha constituido en instrumento de educación y portavoz de los grandes problemas del mundo. Desde la vida del Oeste cawboy, la ciencia, la tecnología, hasta los intríngulis de robos de bancos, los terrores de la mafia italiana y estadounidense, la vida familiar y dramas de melonovelas, dejan ver el espíritu de las épocas y enseñan más que una universidad.

Escándalo AmericanoCon actrices tan convincentes como Amy Adams, Jennifer Lawrence y actores como Bradley Cooper, Christian Bale y Jeremy Renner, su director David Russell ha llevado a escena una serie de hechos que ocurrieron en la década de los 80 y que tuvieron su centro de operaciones en Atlanta City y New Jersey, EE. UU.

Allí aparecen villanos corrientes que llegan a vestirse muy bien, congresistas gordos y afeitados, alcaldes, jefes de la mafia, escoltas, hoteles famosos y hasta un jeque de Dubai. Al lado de ellos, no faltaba más, sus mujeres que les dan el toque de elegancia y la sutileza que convencen hasta a los más cautos y de alto rango.

En la sala estábamos apenas una docena de aficionados ante la pantalla. La mayoría jóvenes parejas y unos tres más jóvenes con deseos de observar. Sin duda se habrían enterado de la trama y querían fijarse en los detalles.

Escándalo AmericanoRecién pasó la introducción, entró en calor el desarrollo del fondo de las acciones, como dicen los profesores de narrativa. Allí empezó lo bueno. Parecía, ni más ni menos, que la película fuera el retrato de lo que sigue ocurriendo en Colombia.

Unos vivos, vestidos de empresarios de fachada, muy bien acompañados para ocultar sus intenciones, entran y salen de oficinas y bancos. Van consiguiendo adictos a sus propósitos, -como dicen los policías- y poco a poco van dando forma a sus planes. Pintan situaciones que parecen reales y existentes, consiguen aliados que representen personajes de importancia, visten a delincuentes de jeques, hacen llamadas a supuestos contactos y ministros y se hospedan en hoteles de lujo. Hasta consiguen jets ejecutivos para impresionar a sus clientes pesados.

Escándalo AmericanoY, claro, ustedes ya saben cuál es el desenlace del rollo. Alguno que otro funcionario sale perjudicado y los vivos se declaran engañados. Admiten que se equivocaron y juran que todo lo hicieron por juego y por hacer una buena película. Y el FBI se la cree y deja libres a los que embolataron la plata robada y llegan las colaboraciones para delatar a los que se prestaron para el juego y sigue rodando la ruleta de la misma manera.

Todo es un ir y venir por los medios para tapar las trapisondas. Qué película tan costosa para volver a repetir cómo se hace una operación con un nombre rebuscado.