Edición 374

El cine es un retrato de la sociedad

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El cine es un retrato de la sociedadEl cine, como los periódicos, la literatura, la música –y toda la cultura- es un fogonazo que ilumina lo que sucede en la sociedad que nos rodea.

Capta el lenguaje, las costumbres, el vestuario, las comidas, las diversiones y el nivel de la educación que se imparte desde escuelas y universidades. Es un espejo de la ciudad y el campo, del estilo de vida, de las risas, lágrimas y componendas que discurren en el diario vivir, a veces desaforado y anónimo. El cine con la crueldad de la imagen y el encanto de la música y los ruidos tan propios de antros, calles y aeropuertos fascinan porque resumen en dos horas una enciclopedia sobre una guerra, un amor con rayos y croquetas o la cuestión climática.

Ayer me fui a ver una película titulada con el insulso nombre de “Origen”. La protagonizan Leonardo di Caprio, Ellen Page y Marion Cotillard, aquella que estelarizó a la divina “Môme”. Ese fue el gancho que me azuzó la gana de verla. La función duró 144 minutos y fue una pintura de lo que pudo ser un documental de lo que pasó en Colombia hasta hace unas semanas.

El cine es un retrato de la sociedadEl argumento principal era la pretendida implantación de la idea personal de un loco contenida en un sueño, en el inconciente de sus compañeros de equipo y luego trasladarla al sueño de toda la sociedad. El tema, por supuesto, es apasionante y desborda la futilidad de la mayoría de los filmes que tratan asuntos que no dejan huella sino risas o superficiales comentarios.

La vida es un sueño, dijo Calderón de la Barca y Freud hundió su pluma en el inconciente para buscar explicación a los problemas que aquejan a frenéticos y ciclotímicos. Christopher Nolan va más allá y aplica estas teorías para que el líder maquiavélico encierre en el laberinto de la inconciencia a sus secuaces para ponerlos al servicio de sus proclives fines.

El cine es un retrato de la sociedadEl maníaco magnate logra un diseño arquitectónico por medio de cual su sueño infernal se convierte sueño general y la ciudad onírica es su mundo irreal pero lo viven desenfrenados quienes lo comparten como si fuera real. Al mando de la música de la Piaf los cerebros se mueven como autómatas.

El cine es un retrato de la sociedadPor supuesto, los protagonistas saben que el sueño diseñado es irreal y que ellos lo dominan y se sientan cómodos en sus chalets, beben y comen mientras a su vista se desmoronan puentes, rascacielos y la ciudad toda se eleva por los aires y se para en la cabeza como una marioneta. Hay persecuciones, guerra en las calles, incendios, los edificios caen como naipes y los amigos se protegen en su lenta caída a las aguas de la inconciencia. Los segundos se miden como horas y la sed de devastación rueda por aviones, playas y jardines.

La acción de la película es intensa, causa confusión a veces, pero termina con una escena tierna cuando uno de los magnates muere solitario y enfermo y deja por testamento en sus arcas selladas a su sobrino, una veleta de niño, para recordarle que su vida debe ser independiente y libre. Nolan jamás pensó que las escenas las pudo haber filmado aquí en Colombia.

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