Edición 352

Audiovisuales vigorosos en Latinoamérica

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Audiovisuales vigorosos en LatinoaméricaAnálisis profundo sobre el presente y futuro de la actividad audiovisual de cortos, medios y largometrajes en la región. Expectativas fundadas.

Vivimos en una época en la que las tecnologías asociadas al audiovisual siguen un camino de transformación imparable. La manera como creamos, producimos y consumimos cine es muy diferente desde hace diez años.

El cambio total al digital es solamente una cuestión de tiempo, en las salas o en las televisiones, en los procesos de producción o posproducción. El VoD (video-on-demand/video bajo demanda) es cada vez más una ventana creíble y en franca expansión; el 3D ha crecido exponencialmente en los últimos dos años; y las nuevas plataformas multimedia están ganando preponderancia dentro del público más joven como medio privilegiado para ver o incluso para la creación de productos audiovisuales.

Hoy, más que nunca, es fundamental identificar tendencias y evaluar resultados de políticas, tanto públicas y regionales como transnacionales, dado que estas cuestiones superan fronteras. Muchos países de Latinoamérica aún no tienen información sistematizada y fidedigna; muchos sólo controlan los datos de las grandes ciudades y, en muchos casos, la información es detenida por las majors norteamericanas, cuyo principal interés es la evaluación de cada país en cuanto a la rentabilidad de las películas que comercializan. Aunque sea de resaltar y de alabar el trabajo que muchos organismos públicos nacionales han hecho en los últimos años, con el objetivo de recoger y divulgar información de este sector, los resultados todavía son insuficientes.

En algunos apartados del artículo se hará referencia a datos de un grupo de 11 países de Latinoamérica (AL 11), a saber: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, y se comparan a su vez con los datos de otros países. En este intento de englobar y de generalizar la información hay que tener siempre presente los diferentes niveles de desarrollo económico y social, así como las distintas políticas nacionales.

Con 510 millones de habitantes y una población joven cuya media de edad es de 28 años, estos 11 países presentan un fuerte potencial de desarrollo basado en tasas de crecimiento económico que, en 2010, alcanzaron un promedio de 5%. En el cine no hay muchas diferencias y algunos de los indicadores estadísticos registran índices de crecimiento sin paralelo con otras regiones del mundo.

Estimulada por fuertes recuperaciones económicas y por al aumento del poder de adquisición de la clase media urbana, que ahora gasta más en cultura y ocio, la afluencia a las salas de cine siguió creciendo en los últimos años. En 2010, México alcanzó un nuevo máximo de 189,6 millones de espectadores, el 5º lugar a nivel mundial (1). Brasil, por su parte, alcanzó el valor más alto de los últimos 30 años, 134,4 millones de espectadores, creciendo 50% en los últimos 3 años, sólo superado por Colombia con 55%.

Sin duda son cifras notables. Sin embargo, cuando analizamos el promedio de espectadores por habitante, los indicadores son todavía muy distantes de lo que sería deseable. En 2010, el promedio para Latinoamérica fue de 0,8 idas al cine por habitante. México ocupa una posición de relieve ante este indicador con 1,7; mientras que otros países, como Argentina, Costa Rica y Venezuela, presentan valores cercanos de la unidad. Para el mismo período, la Unión Europea de los 27 (UE 27) registró un ratio promedio de 1,9 y los EEUU 4,3% (2).

El semiabandono de las salas de cine debido a la televisión y al video, desde mediados de los años 90 del siglo pasado, se ha invertido. El número de salas de cine ha crecido alrededor del 150% entre 1996 y 2010 en el grupo de los 11 países considerados de Latinoamérica. Esta realidad se basa esencialmente en inversiones transnacionales,

mayoritariamente norteamericanas y en el surgimiento de multiplex localizados en centros comerciales, verdaderas catedrales del consumo de masas.

Audiovisuales vigorosos en LatinoaméricaLa reciente explosión del número de salas digitales es un fenómeno global también observable en Latinoamérica. Entre 2008 y 2010, México pasó de 15 a 823 salas digitales y Colombia de 14 a 140. Los 11 países referenciados han presentado en 2010 una tasa media de penetración (salas digitales sobre el total de salas existentes) de 17,1; mientras que, por ejemplo, la UE 27 ha registrado una tasa de 29,8.

Sin embargo, cuando analizamos el ratio número de habitantes por pantalla, concluimos que aún queda mucho por hacer. En 2010, el promedio para este grupo de países (AL 11) ha sido de 70.000 habitantes por pantalla. A la excepción de México, que presenta un ratio de 22.700 hab./pant., todos los demás tienen ratios superiores a 48.000/sala, aunque Brasil registre 1 sala para más de 86 mil habitantes. Valores medios todavía distantes de los 17.000 hab./sala de la UE 27 y de los 7.800 de los EEUU (3).

Brasil, como siempre

La percepción de esta realidad llevó, tal vez, a que en Brasil se creara el programa "Um cinema perto de si" (Un cine cerca de usted), una línea de crédito especial para promover la construcción de cines en ciudades de pequeña y media dimensión, y a Venezuela a avanzar con la creación de una red nacional de salas comunitarias regionales.

Estimulado por los renovados recintos de cine y por el éxito relativo de las producciones 3D, entre otros aspectos, el precio medio de los boletos sigue aumentando en casi todos los países y, por consiguiente, los ingresos brutos de taquilla. Argentina, Colombia, México y Brasil han registrado entre 2008 y 2010 subidas en el precio medio del boleto entre un 20% y un 50%. En 2010, el valor medio en AL 11 fue de 4,2

USD, lejos de los 7,5 USD de los EEUU y de los 8,8 USD de los 27 países de UE, y un poco por encima de los 3,6 USD de China.

En los últimos 15 años, la producción cinematográfica de los países de Latinoamérica analizados se ha cuadruplicado, creciendo de poco más de una centena (100) de películas a cuatrocientas (400) en 2010. Este crecimiento se debió al abandono de las políticas restrictivas de carácter neoliberal que, en fines de los años 80 y mediados de los 90, resultaron en un quiebre en las cifras de la producción, en muchos casos, muy próximos a cero. Actualmente, los tres grandes productores – Argentina (el principal productor en AL), Brasil y México -, son responsables del 75% de la producción, aunque sea importante subrayar los niveles interesantes de producción alcanzados por países como Colombia, Venezuela y Uruguay. Analizados los datos comparados de los últimos 5 años, la conclusión es que los EEUU han registrado un decrecimiento en el número de películas nacionales producidas de 18%, aunque sigan dominando los mercados mundiales; en los 27 países de la UE, el crecimiento es de 32% y en Latinoamérica se ha alcanzado

un extraordinario 75%.

Una pregunta importante: ¿podremos decir que este crecimiento ha sido acompañado de una subida en la cuota de cine nacional? Observemos algunos casos. En los últimos 5 años, el cine argentino ha registrado una cuota media anual del mercado de cine nacional de alrededor de 10%, la cual llegó, en 2009, a los 16% debido al éxito de la película El secreto de sus ojos, la más vista, con aproximadamente 2,2 millones de espectadores. En el mismo período, Brasil registró un ligero crecimiento, pese a que no haya nunca alcanzado los 21,4% de 2003, oscilando entre 9,8% en 2008 y 18,8% en 2010, año en que la película más vista fue Tropa de Elite 2 de José Padilha. Los dos países han registrado en estos años entradas de filmes nacionales en el Top 10. A pesar del número creciente de producciones nacionales, México no ha logrado alcanzar el objetivo de subir la cuota de mercado que ha sido, en promedio, alrededor de los 7%, pese a que ninguna película nacional haya entrado en el Top 10 en los últimos cinco años.

¿Y Colombia qué?

Otros países como Colombia, han registrado disminuciones en sus cuotas de cine nacional. La media para el conjunto de los 11 países considerados no ha alcanzado los 5% en 2010 en contraste, por ejemplo, con los 12% en UE 27 (4).

En la práctica, los mercados son muy dependientes de éxitos individuales que no se repiten todos los años. Muchos analistas defienden que los fondos públicos introducidos a mediados de los años 90 han sido exitosos en lo que concierne al incentivo de la producción cinematográfica nacional, hasta entonces casi inexistente. Sin embargo, alertan sobre otro detalle: la cuota de cine no ha crecido proporcionalmente al volumen de películas producidas, considerando que la explicación está en los apoyos financieros orientados esencialmente hacia películas de arte y ensayo, y no hacia los resultados de taquilla.

Por otro lado, el cine latinoamericano da pruebas de fulgor creativo, al mismo tiempo que sus obras son reconocidas internacionalmente: Oso de Oro en 2008 en el Festival de Berlín – Tropa de Elite, de José Padilha (Brasil); Oso de Oro en 2009 en el Festival de Berlín – La Teta Asustada, de Claudia Llosa (Perú) y Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2010 – El Secreto de Sus Ojos, de Juan José Campanella (Argentina), son sólo algunos ejemplos.

Atentos a estas cuestiones, algunos países han creado sistemas de incentivo al cine nacional. En 2009, el gobierno argentino introdujo nuevas reglas que obligan a los exhibidores a mantener las películas nacionales por lo menos dos semanas en sala, garantizando espacio en un mercado tradicionalmente dominado por las producciones norteamericanas. También en 2009, la agencia de cine brasileña, ANCINE, introdujo un nuevo programa de incentivos orientado a los mercados, con objeto de aumentar el número de películas capaces de alcanzar un millón de espectadores. Logró hacerlo a través de un fuerte apoyo a la producción nacional y a la industria televisiva, creando líneas de crédito especiales para coproducciones y, entre otras medidas, apoyando financieramente la digitalización de las salas de cine.

Audiovisuales vigorosos en LatinoaméricaLa fuerte concentración de los mercados de distribución y exhibición cinematográfica en las majors norteamericanas ha paulatinamente cerrado el camino a las producciones independientes y, consecuentemente, a las películas nacionales. Una realidad también inevitable cuando analizamos los números relativos a la circulación de obras latinoamericanas entre los países referenciados (AL 11). Las cuotas de mercado de películas con origen en estos países, excluidos los 100% nacionales, han presentado en 2010 valores absolutamente marginales. Colombia y Perú son los dos países que presentan cuotas más altas, con 2,1% y 1,2% respectivamente. En otros países, como Brasil, Costa Rica o Argentina, las películas originarias de la región ni siquiera han alcanzado cuotas de mercado de 0,5%.

Es necesario apostar por medidas para reducir los efectos del dominio norteamericano en los mercados de distribución y exhibición a través de programas con el fin de incrementar y diversificar la programación de cine latinoamericano en salas de cine con reflejos directos en el crecimiento del número de espectadores. Al principio de los años 90, se creó y desarrolló en Europa la primera red internacional de recintos de cine para la circulación de películas europeas. En 2010, el total de salas era de 2.055 en 457 ciudades. La financiación de los costos de programación de las salas que apuestan por la exhibición de películas europeas no nacionales llega, en muchos casos, al 80%. Paralelamente, también fue creado un programa de apoyo automático a la distribución basado en el número de espectadores e ingresos generados por las películas europeas. En los últimos cinco años, la cuota media anual de cine europeo ha sido de 26%, aunque persistan algunas asimetrías entre los 27 países de la UE.

Para solucionar parte de las restricciones del mercado latinoamericano es necesaria una visión nacional con alcance regional y, incluso, transnacional. Sólo así el cine latinoamericano tendrá visibilidad y logrará superar los retos actuales. Todos sabemos que la producción cinematográfica es una actividad que presenta elevados riesgos de inversión debido a la dificultad de su retorno y que esos riesgos sólo pueden ser atenuados a través de sistemas de ayudas públicas. La coproducción es una alternativa para los productores y directores superaren los límites de mercado y de inversión. Sin embargo, es necesario crear películas que sean próximas de la realidad latinoamericana, involucren a los técnicos y a los actores locales, y cuenten historias comunes. La apuesta por las relacionas políticas, culturales y sociales es, sin duda, un camino que hay que recorrer. Total, y en definitiva, es imperativo que consideremos los circuitos de distribución y de exhibición el centro del negocio. Un negocio que no se limite a las salas de cine, sino que también se extienda a un amplio abanico de medios de comercialización.

Referencias bibliográficas

(1) En 1er lugar India con 2,9 mil millones, seguida de EEUU con 1,3; en 3er y 4º lugar China y Francia, respectivamente con 264 y 206 millones.

(2) Promedio de espectadores por habitante: Australia (4,1), Canadá (3,2), Corea del Sur (2,9), India (2,4) Japón (1,4), Rusia (1,2), Turquía (0,6) Egipto (0,4) y China (0,2).

(3) Número de habitantes por sala: Australia (11.144), Canadá (12.036), Corea del Sur (25.212), Japón (37.338), Turquía (38.100), Rusia (57.613), Egipto (195.500), China (216.290) e India (337.777).

(4) Cuota de mercado del cine nacional: EEUU (92,0%), India (89,0%), Egipto (80,0%), China (56,3%), Japón (53,6%), Turquía (52,9%), Corea del Sur (46,5%), Rusia (14,5%), Australia (4,5%) y Canadá (1,3%).

*Publicado en No. 2 de boletín informativo de industrias culturales Faro. Observatorio de Cultura y Economía de la Universidad Javeriana. Gonçalves Coordinador del Observatorio Iberoamericano del Audiovisual (OIA) y responsable del Departamento de Estudios Estadísticos del Instituto del Cine y del Audiovisual de Portugal (ICA).