Edición 352

Derechos humanos

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Derechos humanosEl hecho de que el 30 de abril de 2012 Chávez solicitara la instalación del Consejo de Estado con el objeto de realizar un estudio sobre la eventual salida del país de la Comisión de Derechos Humanos, actualiza el tema y lo hace motivo de preocupación general.

Los Derechos Humanos pasaron de ser una entelequia a constituir un asunto respetable. Ante la inoperatividad de la justicia local, la Corte Internacional de Derechos Humanos establece sanciones imprescriptibles en caso de violación de los mismos y es por lo tanto, único recurso de las víctimas frente a los excesos del poder, a menudo personificado en entes gubernamentales o grupos apoyados por los regímenes de turno.

Es saludable entonces recordar hoy la figura de monseñor Óscar Arnulfo Romero. Nacido en Ciudad Barrios (El Salvador) el 15 de agosto de 1917, el asesinato de su amigo el padre Rutilio Grande ocurrido ese año, le marcó el camino. Desde ese momento se convirtió en paladín de la causa de los desprotegidos de su país, navegando contra la corriente y asumiendo los riesgos que tal actitud demanda.

Entre 1978 y 1979, en el contexto violento y represivo de la guerra civil que azotaba El Salvador, denunció en sus homilías los abusos cometidos contra campesinos, obreros, sacerdotes y ciudadanos en general. Señaló los asesinatos perpetrados por los escuadrones de la muerte y los numerosos casos de desaparición forzada. En agosto de 1978 reiteró la facultad que tiene el pueblo al reclamo pacífico de sus derechos. En la mira e indefenso, el 24 de marzo de 1980 fue asesinado. Consumado el crimen, Tiberio Romero, su hermano y la abogada del Arzobispado de San Salvador, llevaron este caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la cual la aceptó en 1995 y en el 2000 dictó sanciones ajustadas a tres recomendaciones: identificación de los autores intelectuales y materiales del crimen, reparación económica y sicológica de las víctimas y adecuación de la Legislación Interna a la Convención Americana a fin de dejar inefectiva la Ley de Amnistía General.

La violación del derecho del semejante no es solamente asesinar, torturar o robar. Es también la demostración de mezquindad con que se humilla al más pobre, al más viejo, al más débil. Es entre otras perlas, violencia intrafamiliar, abuso de poder, violación sexual, zarpazo, cinismo, invasión del espacio ajeno, piropo irrespetuoso, ademán obsceno y sobre todo esa mitología macabra que con el nombre de norma religiosa o patrón cultural, da luz verde a la doble moral y nos condena a la ignorancia y el atraso.

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