Edición 352

Escucha la voz de tu corazón

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Escucha la voz de tu corazónCuando nuestra prioridad es tener, por encima de todo lo demás, nuestro mundo se nubla y ya no actuamos con consciencia; y cuando estamos inconscientes, vivimos confundidos y sufrimos.

Si analizamos un poco, logramos ver que muchas de nuestras acciones provienen del miedo y por esa razón en lugar de actuar tranquila y conscientemente, la gran mayoría de las veces sorpresivamente reaccionamos, sin darnos cuenta realmente de la magnitud de las cosas que estamos haciendo. En estados de inconsciencia es cuando los seres humanos han cometido los actos más atroces, han matado, se han vengado, han sido encarcelados o han huido despavoridos ante acontecimientos que ellos mismos causaron. Y después se preguntan: ¿Pero que me pasó? ¿Por qué lo hice? No quería decirle eso a ese ser que tanto amaba, mi intención no era maltratar a mi hijo, no entiendo porque tenia que meterme en esa pandilla que solo me ha traído angustia, no entiendo a que hora me dejé llevar de las drogas, etc.

Hace algunos años, en la época en que la guerrilla hacía retenes frecuentes en las carreteras de Colombia, iba de Medellín a Bogotá en mi camioneta, y en plena zona de guerrilla, la llanta derecha de mi carro se pinchó. En esos días, por aquella carretera prácticamente no transitaban carros y mucho menos, personas caminando. Me bajé del carro y para mi sorpresa, el gato para cambiar la llanta se encontraba dañado. Me senté a pensar que iba a hacer, cuando vi a un muchacho que venía caminando y se fue acercando a mi carro. Era un joven de unos 22 años, vestía ropa muy sucia y se notaba que llevaba muchos días sin bañarse. El se me acercó y me preguntó si necesitaba ayuda.

Le comenté lo que sucedía con la llanta, y me dijo que no veía ningún problema, que él la podría arreglar. Cogió unas piedras que había en el camino, subió el gato sobre ellas, y con una palanca que se inventó, subió el carro para poder cambiar la llanta. En diez minutos había terminado y me dijo: "Listo, ya se puede ir, ya terminé". Yo no podía creerlo, ese ser desaliñado que se encontraba frente a mí, en ese momento lo ví como un ángel, ya que había aparecido prácticamente de la nada, para ayudarme. Le di un dinero, y le pregunté para donde se dirigía, a lo que me contestó que para cualquier lugar, que no tenía destino fijo. Me despedí de él, arranque mi carro y seguí en mi camino hacia Bogotá. Durante 5 minutos seguidos estuve pensando, que había dejado tirado en esa zona tan peligrosa a ese ser tan lindo que me había ayudado, por lo que decidí dar vuelta atrás y recogerlo. Le di un overol limpio que tenía dentro de mi carro, para que se quitara esa ropa maloliente que llevaba puesta, y se subió al

carro. Le dije que me dirigía hacia Bogotá, a lo que me respondió que le parecía perfecto. Nos fuimos hablando todo el camino sin parar, sin saber que la historia que el me iba a contar, me impactaría profundamente y me enseñaría muchas cosas del porque de ciertos actos de las personas.

El era un muchacho que vivía en una de las peores y más paupérrimas comunas de Medellín, donde el hambre y la miseria se encuentran en cada esquina. Siempre se había caracterizado por ser un muchacho sano, lo cual consideraba que era algo muy difícil de mantener en un sitio como ese, donde la droga, los hurtos, los atracos, las violaciones y los asesinatos eran el pan de cada día. Siempre veía como rebuscarse la comida para él y para su mamá.

Lo que él no sabía, era que un grupo de sicarios le había puesto los ojos encima, para reclutarlo y convertirlo en parte de su equipo, por lo que un día al salir de una panadería, se le acercaron unos hombres y le preguntaron si necesitaba dinero, a lo cual él respondió que claro. Ellos le dijeron que sabían de una manera de ganarse mucho dinero, y que si estaba interesado, en 5 días volviera al mismo sitio para irse con ellos. Este muchacho, después de pensarlo mucho, tomó la decisión de irse con ellos para buscar "mejores" horizontes.

Lo llevaron a un sitio dentro de la misma comuna, donde estos sicarios tenían un centro de entrenamiento para la muerte. Lo entrenaron en el manejo de todo tipo de armas durante algunos meses, pero la prueba final para poder entrar al grupo y comenzar con sus labores, era matar a una persona cualquiera, como muestra de su compromiso con la causa. Salió con su gente a un parque, y el jefe le señaló a una viejita que estaba sentada en una banca. Le dijo que esa anciana siempre iba a ese parque y se sentaba allí durante varias horas, y que el debía regresar al día siguiente a matarla. Aquella noche, me contaba él, fue un infierno, ya que tenía que tomar una decisión respecto a lo que iba a hacer al día siguiente. Muerto del miedo, decide escapar metiéndose por entre los tubos del acueducto, ya que sentía una gran "cobardía" por no poder matar a esa viejita, por lo que se iba a meter en un problema terrible con sus jefes y probablemente lo iban a matar a el. Cuando yo lo recogí, el venía huyendo y había pasado toda la noche corriendo y escapando.

Lo que más me impresiona de esta historia, es ver la confusión en que este muchacho se encontraba debido a su inconsciencia. El huyó, ya que su corazón le gritó fuertemente para que no matara a esa viejita, pero el creía que había sido cobarde, por no ser capaz de matarla. Me tomó el resto del camino, explicarle que la decisión que el había tomado era la mejor y que no se debía sentir como un cobarde, sino como un héroe que había valorado la vida y el amor.

Llegué a la conclusión de que cuando las personas se ven acorraladas, es cuando pueden analizar con cabeza fría lo que sucede en sus mundos y es cuando entienden que por unas ansias de dinero, o por buscar prestigio, fama y reputación, es cuando hacen cosas que van en contra del corazón. Para algunos de ellos, ya es demasiado tarde dar vuelta atrás, porque han realizado actos con los que tienen que pagar con sus propias vidas; pero, en cambio, existen otras personas, como en el caso de este muchacho, que a pesar de la confusión en que se encuentran, por un solo instante deciden escoger escuchar a su corazón, y retoman el camino que los llevará a la libertad.

Por eso, a todas las personas que tienen que tomar alguna decisión difícil en sus vidas, siempre les digo, que hagan un alto en el camino, y observen con los ojos del corazón, no con los de la mente, la situación por la que están pasando, y así podrán tomar una decisión adecuada. Cuando decides en contra de tu corazón, siempre te vas a estrellar y vas a sufrir.

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