Edición 359

Conversar con Dios

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Conversar con DiosUn joven va al encuentro de un gran maestro sufí y le dice: "Maestro, mi confianza en Dios es tan grande que ni siquiera até mi camello allá afuera. Lo dejé a la providencia de Dios, a Su cuidado". El maestro sufí exclamó: "¡Insensato! Vuelve y ata tu camello al poste. No es necesario molestar a Dios con algo que tú mismo puedes hacer".

Al comunicarnos con Dios no debemos entregarle todas nuestras responsabilidades y esperar a que Él actúe por nosotros. Por el contrario, mediante la oración, la meditación y el silencio podremos aprender a escuchar la voz interior que emana de nuestro corazón, que nos ayudará a redescubrir nuestra vida, nuestra fuerza para actuar y resolver los diferentes obstáculos que se nos presenten en el camino.

La oración y la meditación son maneras para comunicarnos directamente con Dios. Es un momento esplendoroso en el que ya no necesitamos ni palabras, ni mantras, ni intermediarios durante el cual experimentamos y conocemos a Dios en su máxima expresión, que es el amor personificado. La oración no es para ver a Dios, ni para pedir, ni quejarnos de nuestras tristezas; es para experimentar el amor puro. Es en ese momento grandioso que podemos ver con los ojos de Dios, sentir profundamente con su corazón y nos inspira a dar y servir abundante y amorosamente. Cuando experimentamos realmente ese amor, encontramos la verdadera paz interior y nos damos cuenta de que no es necesario perdonar a nuestros enemigos, ni a quienes nos odian: debemos perdonarnos a nosotros mismos por no haberles perdonado desde antes.

Diariamente subo la montaña al amanecer y no dejo de apreciar lo maravilloso que es escalarla para meditar. Un día alguien me dijo que quería acompañarme para disfrutar del paisaje y sentirse vivo. Al ascender, mi compañero me dijo: "Oye, esta montaña se ve muy reseca y con poca vegetación, no es como la imaginaba". Y le repliqué: "Sigue y aprecia el paisaje a cada paso que das, los olores, el aire puro, el canto de los pájaros, la luz del amanecer, la variedad de los colores, tu respiración y tu silencio. Disfruta el momento". Sin embargo, él seguía quejándose y quería llegar pronto a la cima, simplemente para regresar. Miraba continuamente el reloj para ver cuánto tiempo faltaba. Al llegar a lo más alto, me senté en posición de flor de loto a contemplar el amanecer. Él me dijo: "¡Que posición tan incómoda! Aquí el paisaje se ve diferente pero es insulso y además hace mucho frío; no le veo la belleza de la que me hablaste y el regreso va a ser peor".

No importa que tan alto subas, lo importante es disfrutar el ascenso. La felicidad no está al final del camino, es el camino, es cada paso que das con conciencia encontrando el amor en cada cosa simple que haces. Cuando te unes a la montaña y te armonizas con lo que te rodea, en ese momento mágico, sientes que la montaña está en ti. Es diferente cuando sientes que eres parte del universo a cuando tomas conciencia de que ese universo está dentro de ti.

A través de la meditación que no es buscar, sino producir las condiciones necesarias para valorar, apreciar y recibir los regalos que la vida nos da aprendemos a focalizar y centrar la atención conscientemente, en el momento presente.

Recuerda que, sin importar tu credo, religión, filosofía, cultura o raza, tú tienes el poder para escuchar la voz interior que brota de tu corazón. La que te permitirá elegir, decidir y actuar sin miedos ni prejuicios, hoy, aquí y ahora; la voz que te inspirará a darle significado y trascendencia a tu vida y te llevará a ser inmensamente feliz, amando sin límites, recordando sin dolor y sirviendo y compartiendo amorosamente.

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