Edición 359

La Globalización Capitalista

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La ideología neoliberal utiliza el término “globalización” para referirse a los cambios ocurridos en el capitalismo contemporáneo (desarrollos científico-tecnológicos, transnacionalización financiera y productiva, erosión de la soberanía nacional…)  proyectando así la imagen de un proceso inexorable de expansión capitalista “natural”  e incomprensible para los seres humanos.

 

Según la vulgata neoliberal, el mundo es ahora una pequeña aldea, una “aldea global” en la cual todos somos cada vez más interdependientes, gracias a internet y demás tecnologías informativas que integran los mercados y las culturas. Además la “aldea global” ha entrado en una nueva era en la que las ideologías, la política y el Estado se extinguen; en la que el único futuro posible  es una evolución “natural”, sin propósito ni significado sujeta sólo a las benéficas “leyes del mercado”. Es decir una globalización “feliz”, en un mundo para siempre libre y justo.

De esta manera el concepto de “globalización” se convierte en la formulación ideológica que dificulta la comprensión de la historia del capitalismo,  escamoteando el análisis de las relaciones de dominación y explotación que le son características.

En realidad, la “globalización” es sobre todo un proyecto de dominación política dirigido por los países capitalistas, que opera en cada país subordinado en contra de su desarrollo nacional y a favor de las empresas financieras transnacionales.

No es, en modo alguno, un acontecimiento “natural” sino el resultado de una política conciente orientada a esos fines y cuidadosamente construida, tratado a tratado, ley a ley, por el G-8 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido de Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia, Japón y Rusia) y los organismos “globales” a su servicio (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio). Dichas instituciones (armadas con el dogma neoliberal  según el cual el “libre” comercio y la desregulación estatal producen bienestar social), emprendieron en las últimas décadas del siglo XX  una guerra de liberación del capital que aún sepulta a los países del sur en la miseria.

Para estos propósitos, el neoliberalismo se complementa con el “globalismo”, patrimonio ideológico del capital transnacional que, en el Tercer Mundo, se enfrenta a los trabajadores y al Estado-nación, amenazando con fugas de capital y envió de sus ganancias a los paraísos financieros si los gobiernos nacionales no le conceden apertura de mercados, privatización del sector público empresarial, reducciones de impuestos o infraestructura gratuita.

El derrumbe del bloque del Este le dio un impulso gratificador  a los países capitalistas dominantes (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) que, liberados de la amenaza de la dictadura del proletariado se dedicaron a construir la dictadura del mercado: los mecanismos de poder y fuerza  con que su Consejo de Administración (FMI, BM, OMC) exprime el excedente económico mundial, mientras predican al Tercer Mundo  la apertura económica, la privatización, el debilitamiento de sus Estados nacionales y la renuncia a sus posibilidades de desarrollo autónomo.  Es decir, todo lo contrario de lo que ellos mismos practican.

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