Edición 363

Creemos que la felicidad radica en el tener

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Creemos que la felicidad radica en el tenerNací en una familia tradicional del centro de Colombia, donde el amor y la unión familiar son muy importantes. Manizales, ciudad que llevo en mi corazón y donde pasé los mejores años de mi infancia y adolescencia, se ha caracterizado especialmente por la marca fuerte que existe entre clases sociales.

El hecho de que una persona fuera de "buena familia" estaba totalmente unido con el tener suficiente dinero y poder; entre más dinero tenías, eras de mejor familia. Así, crecí en medio de muchísimas creencias respecto a lo importante que era tener dinero, triunfos y poder para aparentar ante los demás, y para, supuestamente, ser feliz. Mi vida siempre estuvo marcada por la inclinación de ayudarles a los más desprotegidos; por ello, generalmente fui criticado y considerado "fuera de lo común".

Por esto y porque nunca me regí por lo que la sociedad dijera que debía hacer o no, desde pequeño fui visto como un ser "loco" y diferente. Aunque traté de que mi vida fuera regida por mi espíritu y no por lo material, poco a poco, me fui contaminando con estas creencias de poseer, tener y desear. Pasaron los años y paralelo a mi trabajo por los más necesitados, fui desarrollando una carrera profesional que me llevó a tener grandes triunfos.

Llegó un momento de mi vida en el que el dinero, el reconocimiento y el poder se convirtieron en lo más importante para mí. Fui galardonado con muchos premios alrededor del mundo, tanto por mi desempeño profesional como por mi aporte a la humanidad en el campo de la paz, la niñez desamparada y los derechos humanos. A pesar de que ese mundo era encantador, yo trataba de mantener un equilibrio, fortaleciendo mi espíritu diariamente, ya que nunca consideré que eso era lo que realmente me brindaba paz y tranquilidad.

Años más tarde, llegó lo inesperado. De un momento a otro, mi vida se transformó totalmente y perdí absolutamente todas las cosas materiales que había logrado conseguir. En ese momento, parecía como si al perder el dinero, también fuera perdiendo a quienes consideré mis amigos. Por primera vez en mi vida, me sentí atrapado sin salida; creí que el cielo y la tierra se derrumbaban. Sentí lo que era no tener dinero, ni ninguna posibilidad aparente de salir de allí. En medio de toda esta confusión y oscuridad, cuando creía que todas las esperanzas se habían perdido, ya que las soluciones posibles que el mundo me ofrecía no se me daban, por primera vez, decidí buscar la luz y la solución en mi mundo interior. Fue en ese maravilloso instante cuando desperté de mi inconsciencia y me di cuenta de que lo que había vivido hasta ese momento era una pesadilla, ya que todas las cosas que había obtenido y que creía que eran la fuente de mi felicidad, en ese momento, eran la raíz y la causa de mi infelicidad y sufrimiento.

Hoy, doy gracias a Dios, porque ese camino espiritual que inicié desde niño me dio la sabiduría y madurez suficientes para poder resolver y salir adelante de este golpe que para mí fue una gran experiencia, porque desde ese momento mi vida dio un vuelco total y me liberé de todas las cadenas que me hicieron sufrir.

Así como yo corrí con la suerte de encontrar la riqueza interior que estaba en mi corazón, para actuar y salir adelante, por su parte, mi socio, desafortunadamente, se dejó arrastrar por la angustia y el miedo de haber perdido todo y, ante esta situación, reaccionó de manera equivocada tratando de quitarse la vida. En medio de su desespero, tomó una pistola, se dio un tiro en la cien, con la firme intención de matarse, pero por alguna inexplicable razón no logró su objetivo; la bala salió por uno de sus ojos, dejándolo ciego y semiparalítico de por vida.

Cuando las personas centran su felicidad en tener y poseer, llegan fácilmente a donde nunca jamás hubieran querido llegar: vivir con una persona con la que no quieren estar; hacer trabajos que odian realizar; estar en la calle llevados por la droga y el vicio; permanecer encerrados por el resto de sus vidas en una cárcel, ya que en su afán de poseer se obsesionan y cometen delitos en medio de su inconsciencia; o en casos extremos, intentar quitarse la vida.

He visto a miles de personas por el mundo entero que sufren y acaban con sus vidas cuando tienen un fracaso económico, y también veo a diario, otras que sufren y se desgastan emocionalmente por miedo a perder los bienes y pertenencias que han logrado conseguir.

Todo esto se debe a que desde muy niños nos educan en el tener y el poseer cosas materiales y nos hacen creer que la felicidad radica en el tener, poseer y ostentar. Por esta razón, caemos fácilmente en el engaño y en la trampa mental de creer que nosotros valemos más por lo que tenemos que por lo que somos.

Lo único cierto es que puedes ser recordado como la persona más rica del cementerio, pero la realidad es que en tu viaje a la eternidad no podrás llevarte absolutamente nada, ni ninguna de tus riquezas ni posesiones materiales por las cuales sacrificaste tu vida.

En Liderazgo Papá Jaime y Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

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