Edición 369

Presidente por seis años es innovación

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Presidente por seis años es innovaciónDesde los albores de nuestra pretendida emancipación de la lejana España con sus reyes y virreyes, alcabalas y títulos reales –que gozan hoy nuestros caciques de ciudades confederadas-, Colombia ha acudido como tradición al período presidencial de cuatro años que empezó en 1905. Como que hace parte de la cultura, que sale desde el tuétano de la memoria y se nos mete hasta en la sopa y el seco.

Buenas, regulares y malas costumbres persisten en nuestra vida ciudadana. La religión cristiana y romana con procesiones y calendario santoral, el diseño y desgreño de ciudades, las corridas de toros. Lo que nos dejaron quedó y poco es lo que se ha modernizado. Aún se usa el pañolón, se bebe el coñac y se come chicharrón, se fuma cigarro, se escupen gargajos de lado y se mascullan maldiciones. ¿Qué bondades o maldades tienen cuatro años que al oír proponerle un cambio algunos regurgitan sus entrañas?*

No es que los períodos siempre hayan durado cuatro años. Los primeros presidentes lo fueron por dos años. En 1886 el período era de seis años. Así lo encontró Rafael Núñez y desde entonces nos rige el actual. Rafael Reyes se postuló en el solio para 10 años y no aguantó. ¿A qué viene ahora tanto alboroto de que cambiarla de nuevo a seis años perjudicará al país?

Juan Manuel Santos, liberal de cepa, y uribista por decisión muy acostumbrada en política, ha dicho que quisiera continuar en la presidencia por otros dos años y dejar para la historia futura un sexenio, como en México, para sus sucesores. Es una posición intelectual muy sensata y nada disparatada. La ha justificado y la propone también para todas las demás instituciones. Congresistas, gobernadores y alcaldes y podría también alcanzar a magistrados, procurador, contralor y fiscal general. La cuadrilla o plantilla se renovaría en toda la línea y habría un solo coste para el erario.

Un cuatrienio, lo demostró ladinamente Uribe, es un tanto corto y no garantiza una labor eficiente de diseño, planeación y ejecución de obras durante un gobierno con nombre propio. A la velocidad del mundo que estamos viviendo seis años no son eternos y bastarían para terminar planes serios de infraestructura vial o de salud, de educación, de administración pública. Y pondrían freno a las reelecciones sucesivas que degeneran en mesianismos y dictadura. Si es así, será bienvenida.

La propuesta de Santos, pues, no es descabellada. Constitucionalistas han opinado y la ven posible y hasta plausible. A los políticos poco les ha gustado la sorpresa porque no la había consultado con ellos. Les pueden dañar sus planes y el andamiaje con su parentela. Algunos han tomado a la ligera la propuesta porque el estilo de Santos en estos largos dos años se ha distinguido por una anunciaditis crónica que lanza en épocas de euforia y luego la echa al olvido. Pero en esta ocasión está de por medio su credibilidad porque toca a las Instituciones y a la Constitución.

¿Será capaz JuanMa de sacar adelante esta innovación para quien ocupe el cargo más alto del Estado? ¿Se descuadrarán las cuentas de otros candidatos a la presidencia o a otros cargos, que solo piensan en el sueldito por ocho años?

¿Qué está en juego detrás de este lance tan arrojado en la plaza? ¿Será que el proceso de paz es tan lento que todavía demorará otros tres años de viajes a Matanzas y Varadero?

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*Información en RCN Noticias y fotografía Diario del Huila.