Edición 355

El precio de la paz

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El precio de la pazLa pelea de Adán y Eva en El Paraíso por quitar y proteger la manzana del árbol del bien y el mal continúa en varios escenarios en el mundo. Por supuesto, también aquí, en Colombia.

Los crímenes sexuales del hombre, civil o militar, en contra de la mujer es crudo plato de los avatares diarios. No solo de esposas, campesinas, niñas en la ciudad o en combate. También se abusa de ellas en la repartición de oportunidades en los empleos y los salarios. El Gobierno y las corporaciones políticas avasallan los puestos, embajadas, agencias, omitiendo dar cumplimiento cabal al porcentaje mínimo. Y el pueblo, en general, vota en elecciones más por los zares, gamonales y caudillos a caballo y con rejo en la mano. Es Locombia un país machista, aún y colonial en sus costumbres.

Otro espacio en donde se despluma a otra ave femenina es la violencia en las montañas y en las ciudades. La paloma - que nos cuenta la biblia envió Noé, apenas había cesado el diluvio de 40 días, a ver si el terreno estaba vivible -, no volvió. Se perdió o alguien la secuestró o algún gavilán se la comió. O se ahogó. Ese primer símbolo de que la tierra era un paraíso para el hombre debió pagar el precio de desaparecer de la narración. Se volvió una leyenda.

Con las escaramuzas de los varios gobiernos para batir banderas con la paz entre sus ondas siempre queda entre bambalinas. Desde Ospina Pérez, pasando por Belisario, Pastrana, Uribe y ahora Santos y Navas, el país ha visto volar bajo a la paloma blanca y se ha desfilado en multitud arriándola en camisetas pagadas por el gobierno.

Los dos bandos, el que se dice legal, con sus 450 mil efectivos, sus drones, aviones fantasmas, aks47 y los ilegales, Farc, Eln, paramilitares y las Bacrim con sus bazucas, cilindros y uniformes rojos y camuflados esgrimen sus fuerzas y lanzan consignas. La pelea es la paz y el bienestar social en campos, salud, trabajo y economía.

Para hablar de paz se emplean diferentes mecanismos. Se diseñan operaciones como Odiseo, Mapiripán, Bojayá, Jambaló, Mondomo, Toribío se cercan ciudades y poblaciones humildes, se arrasan selvas, se toman posiciones y se hace propaganda con entrevistas, noticias diarias de que están cayendo los jefes. Y se convocan reuniones aquí, allá y acullá. Y se gastan billonadas en armamento, blackhawks, zapatos, charreteras y cárceles confort.

Y ahora se propone una fórmula salvadora de alto precio para acabar con este diluvio violento que lleva más de medio siglo. Otorgar perdón por tantos muertos, borrar todo de la memoria mp4, de un plumazo o clic y hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada.* Todo para que volvamos a dormir tranquilos y salir a las carreteras sin que haya policía, sentarse a la puerta de la casa a leer periódico, como lo hacía don Manuel del Socorro. Esa es la oferta que ofrecen las Farc, Santos y el Fiscal más que alegre.*

Ya hay comilona en La Habana y se lanzan cohetes de esperanza. Se harán entregas de armas seguramente como lo hicieron los paras en la época de Sabas y Restrepo. Se devolverán unas tierras por Incoder*, se pagarán unos pesos a algunas víctimas. Y las mujeres, los hijos y Colombia entera y sus aliados olvidarán por completo, en aras de que no nos vuelva a mostrar los dientes el lobo fiero de Rubén Darío y su cueva quede cerrada con la deuda.

En El Espectador.com, El Espectador.com, Semana.com

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