Edición 354

Encuentro con mezcla de licores y sabores

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Encuentro con mezcla de licores y saboresDebo acudir a un lugar común para excusarme, por obvios motivos, de asistir al 5° Committee World Class y al Diageo Reserve World Bartender of the year, eventos que se realizarán por estas épocas en Bogotá y a lo largo de la rivera francesa, Niza y Montecarlo.

Acudirán de muchos lugares del mundillo del licor, expertos bartenders llegados de Costa Rica, Argentina, Brasil y Europa para atender a más de 600 aficionados que solicitarán las mezclas más exigentes y exóticas para deleitar su paladar.

Desde los tiempos de los faraones y de reyes con barba azul sabemos que los diferentes licores pasados por alambiques sofisticados llegaban a las mesas sibaritas. Los aprendices de brujo y pequeños alquimistas, se acercaban y mezclaban con ceremonia y rito solemne los líquidos espirituosos. Unas crateras de lujo y una copa ancha servían al Bartender egipcio o hindú para oficiar el rito.

Vinos extraídos de la uva y de otras frutas, finas hierbas en rama o pulverizadas, esencias aromatizadas se vertían en las vasijas, se batían con fuerza en la mano del mago. El emir, califa, rey y su corte, entretanto, debían contener su aliento y mirar cómo los licores entraban en calor dentro de los vasos, a medida que se completaba la mixtura. Alejandro debió tomar algunas veces un pedido y ponerlo en manos de Cleopatra, adornado con una cereza. Tal vez Salomón también lo hizo con la reina de Saba allá por el año 1000 aC.

Durante las sesiones ininterrumpidas de las mil y una noches ¿no creen ustedes que Sheherazada no tomó a la par con Schariar la bebida que le permitió urdir mil y una más historias para salvar su vida y gozar de la benevolencia del rey oriental? No nos dice el autor anónimo ni quién era el barman ni cuál era la receta ni en qué lugar la preparaba. También ha quedado anónimo ese secreto libidinoso.

Encuentro con mezcla de licores y saboresHoy conocemos, aunque sea de nombre, y por lo que vemos al paso en los estantes de las licorerías y en los bares de hoteles vodka ruso, whisky, cognac, brandy, tequila con sus diferentes sabores, mezcal, ron cubano rojo y blanco, aguardiente, vinos de diferentes cepas y regiones. Ahí no está el secreto del sabor que esperan los invitados. De otro lado están la granadilla, el maracuyá, la nuez moscada, las gotas amargas, el café, la canela, la yerbabuena, la naranja, el huevo, el clavo y en frasquitos de lujo hay extractos de resinas saborizantes o que exhalan el olor que completa el "toque" distintivo*.

En fin. Hoy quisiera haber tenido desde pequeño noticia de la existencia de este oficio. No tanto de pedir la prueba y tentar la pericia del Bartender que me costaría una fortuna. No. De haber querido ser – no abogado, cura ni profesor -, sino barman para oficiar de hechicero y mezclador de bebidas en un hotel, bar de un crucero o de mi propio restaurante. O, simplemente, para poder organizar una reunión cada mes a los amigos quienes tendrían que poner los ingredientes. Yo haría las mezclas y no cobraría por hacerlo ni servirlo con elegancia.

Hoy tengo que sufrir tomando una Costeña con limón en el almuerzo con los hijos o beberla en la noche mientras veo TV o mezclar una porción de whisky con hielo, cocacola y una rodaja de limón. Cualquiera podría decir que soy simplón. En eso ha quedado mi ilusión.

*En Javier Caballero

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