Edición 354

Tripleta de gigantes sobre violines

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Tripleta de gigantes sobre violinesCali tiene un tesoro a puerta abierta que pocos han descubierto. Está el borde de la boca de la redoma de donde salió un día el genio que deslumbró a Aladino. No todos los días hay en la sala una figura que emerja y fulgure en un escenario como lo hicieron en el siglo XX el gran londinense Leopold Stokowski y Arturo Toscanini.

No en vano aparecen estrellas o el sol en los cielos de un continente, un país o ciudad. Llega un día o una noche en que resplandecen y quedan colgados ahí para siempre. Es el caso de Irwin Hoffman, director titular de la Orquesta Filarmónica de Cali.

Solo en dos ocasiones lo he visto y ha sido suficiente para apreciar la dimensión de su magia. Porque la manera como llega al escenario, como eleva su rostro y su brazo, como se mueve en el podio, como electriza a sus músicos y al auditorio, o como recibe los aplausos con su elenco, bastan para convencer hasta al más desprevenido espectador.

No es el número de músicos en la orquesta, ni la brillantez de su elenco, ni la fama del teatro o la sala en donde se presente una obra lo que da a una presentación su toque de distinción ni lo que hace que el público se emocione y estalle en ovaciones. Ni siquiera la fama de un solista o la grandeza del compositor de la sinfonía o la obertura.

Es la figura, la solemnidad de sus movimientos, la naturalidad con que eleva los brazos, su mirada al fondo, la gracia que emana de su cuerpo y de la espalda que está delante de los ojos. Hay elegancia, vuelo, quietud, ira, velocidad, suavidad, ternura o muerte en las señales que envía a cada instrumento.

Ora embruja en todo un movimiento de la sinfonía, ora permite ver un mar en puja o arrebatado, ora se ven levitar hadas de alas, ora se oyen llantos de dolor, ora se oye el himno de victoria que una vez también oyó Darío.

Es lo que ha sucedido en los dos conciertos a que he tenido la fortuna de ser invitado con la mujer de mis sueños. Algo parecido nos sucedió en el Teatro Monumental de la Radio y Televisión Española de Madrid. Ese jueves 28 de agosto en la función que el violinista Nemanja Radulovic ejecutó en su violín de Vuillaume de 1843 el solo del Concierto para violín y orquesta No. 1 en Mi bemol mayor, Op. 5, de Nicoló Paganini, era tal el fuego de su genio, que el folleto de mano anticipaba a ver un concierto "con olor a azufre".

En la Sinfonía No. 3 en Fa mayor, Op. 90, la Orquesta Filarmónica de Cali en la Sala Beethoven este jueves 13 de junio se escucho el fragor de una armada en la victoria, y se vio que hasta se levantaba el polvo del suelo con el galopar de mil caballos. Así sonaron los acordes de los 63 músicos bajo la batuta del laureado maestro Hoffman.

Completaba la sinfonía de la noche el virtuosismo de Lelio Olarte con sus casi inaudibles sonidos sacados a las cuerdas de su violín en la Fantasía escocesa para violín y orquesta, Op. 46 de Max Bruch. Más parecía que salían de sus ojos cerrados y del arco de su espalda echada hacia atrás.

Terminó la función con la ejecución de las Danzas Polovetsianas del Príncipe Igor del ruso Aleksandr Borodin y la algarabía de unos zíngaros bailando al son de arpa y panderetas. El público se negaba a dejar de aplaudir y la Sala hervía de un gozo como jamás lo había visto Cali.

Coletilla: Los próximos conciertos 12 y 13 del maestro Hoffman serán hoy jueves 20, con la Obertura de Rossini La Italiana de Argel, La Sinfonía concertante para vientos de Mozart y la Sinfonía No. 2 de Beethoven y el 27 Hoffman tendrá como invitado al pianista Alexander Peskanov de Ucrania. No pierdan esta linda oportunidad.

En Orquesta Filarmonica de Cali

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