Edición 363

“Si no puedes con ellos, cómeteles”

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“Si no puedes con ellos, cómeteles”No es un consejo humanitario ni una frase de un caníbal. Es un título periodístico, una manera de invitar a leer, una treta literaria. No faltaba más que desde esta columna se estuviera haciendo apología de poner contra el suelo al enemigo y portarse como todo un Atila o Al Capone, Hannibal o carnicero de la selva con motosierra.

Quien vea la foto podrá haber deseado –sin haber leído el título- disfrutar de su vista como si estuviera en una pecera. Pero no. Es todo un león, una fiera, sin la melena de pelaje amarillento y sin las garras kilográmicas y colmillos como garfios, como nos muestra Animal Planet a los leones de África y a los de Locombia en fiestas.

Estos especímenes con rayas sobre su piel que semejan una victoriosa bandera gay son un peligro si llegamos a avistarlos a la orilla de nuestro yate a pocos metros de alta mar. Su rostro, casi de anciano, no es de fiar. Parece compungido, inocente, como si no fuera capaz de sorberse a una mosca ni pudiera chasquear la lengua cuando está a la mesa y engulle sin servilleta su manjar.

Así, este ejemplar se convierte en imagen triste de la conducta de seres que andan por calles, salas de cocteles, mesas de té caseras, oficinas públicas y cuarteles de campaña. Y no solo estamos hablando de tribus con fama infame ni de escuadrones de búsqueda de criminales con perros maestros y helicópteros.

Pez león. Así se le ha dado el nombre a este extraño habitante nuevo de nuestros mares que en su astucia ha venido nadando desde Indonesia, Malasia y Australia. Imposible adquirirlo para adornar acuarios en lobbis o salas de espera en hoteles o casas elegantes. Estos peces son voraces, con adn mortal en su instinto. En vez de cadejos de cabellos largos para agradar a su leona, tiene veneno en sus aletas como aspas y en sus espinas luengas sobre la espalda. Dicen que el veneno desaparece y su peligro cuando el pez perece. Por ello habrá que acercársele con arpones o provistos de escafandras y guantes especiales.

Una vez que el pez muera, no habrá riesgo y su condición de fiero león cambiará por rico plato en cualquier mesa. Reemplazará a meros, pargos, cangrejos y langostas a quienes persigue y come, dice la importante Resolución que ha expedido el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible para recomendar su pesca y su consumo, previas las precauciones dichas.

Esta vez tal Ministerio, por primera vez, sí se ha puesto las pilas y no ha cerrado sus ojos para impedir que nuestros mares, playas y recursos marinos se vean perjudicados. Ha obrado con rapidez para cortarles el paso y las espinas a estos depredadores sin corbata que "tanto daño le hacen a nuestra ecología y a la economía del país".

Veremos en adelante en todas las cartas de hoteles, restaurantes - y en las plazas de mercado y a los nativos en las playas -, vendiendo la apetitosa carne del Rey de los pescados, León de los mares y susto de rayas, calamares y salmones. La consigna es clara: si no quieres perder la abundante pesca por boca de estos peces, no tan gordos, pero peligrosos, habrá que declararles la guerra con arpones, bandera negra y calavera y enviarlos a la mesa y al estómago.

En ElEspectador.com 

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