Edición 375

La protesta social jamás será legal

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La protesta social jamás será legalLas mentes de los políticos fraguan tantas veces frases y consignas que dejan conocer su ignorancia y su talante. Aparecen iracundos y sentenciosos amenazando tomar acciones o prometiendo cosas que nunca cumplirán. Y se sienten muy orondos porque se apoyan no en la razón y el diálogo sino en consignas huecas y en la fuerza del Estado.

Colombia es un país pequeño, comparado con Brasil, Estados Unidos. Pero con dos mares, con riquezas naturales de agua, paisajes, selvas, fauna, flora. Pero no hay industria propia y escasea el empleo. La universidad bota cada semestre cantidades millares de felices acartonados que no encuentran espacios para plasmar sus ideales y conocimientos con dignidad y eficiencia. El campo, - el campesinado - , no tiene padrinos ni dolientes. Permanece en el arado y la garlancha de la Edad Media.

Con gran pompa después de 200 años de vida republicana el país tiene una fábrica donde el colombianito puede hacer carros. Lamentablemente esa fábrica no es colombiana. Es de inversionistas y capital extranjeros. Nuestros ingenieros y arquitectos y tecnólogos no han encontrado apoyo para una industria pujante que lleve el sello de nuestro país.

Colombia se ha convertido en un escampadero de "inversionistas" que vienen a aprovechar el desgreño de las autoridades en el manejo de nuestro talento nacional y de nuestros recursos. Para ellos sí hay apoyo y se les entregan las tierras y licencias que pidan, por encima de la ley y sin que cumplan los requisitos.

Ya hace 45 días los habitantes de regiones secularmente olvidadas de la región que poblaron los motilones claman para que el gobierno los atienda. El Presidente en su alocución en la instalación de las sesiones del Congreso el 20 de julio repitió hasta la saciedad que "no permitiría que protestas sociales ilegales terminaran en violencia". Es la respuesta a las cuñas de Prosperidad para todos: enviarles al Esmad para solucionar sus reclamos. Paradoja grande: ellos han vuelto sus rostros a la vecina república de Venezuela para que los proteja de la indolencia de la propia patria.

El país tiene una ley que sí es "legal" que ha declarado algunas zonas de reserva agrícola en donde debe realizar obras y propiciar desarrollo humano y tecnológico. Pero todo se ha quedado en el papel. Ahora que los cansados santandereanos se han quejado, el gobierno ha quedado al descubierto y en lugar de dar cumplimiento a la ley ha declarado ilegal la protesta.

¿Hasta cuándo comprenderemos que las protestas sociales son justas, necesarias, generadoras de cambios? La Revolución Francesa, nuestro proceso de Independencia del yugo español, las luchas de las mujeres por su integración en la cosa pública. Si el pueblo no se pronuncia, si los derechos mudos y escritos no se gritan y se airean en las calles, el gobierno siempre se agazapará y olvidará de sus deberes.

Una verdad es clara en esta materia. Las protestas sociales, ciertamente, no son ni pueden ser legales. Mal pueden anunciarlas y bendecirlas los legisladores en sus leyes. Son incómodas para los gobernantes. Se las tratan de quitar de encima como un burro que no acepta la carga. Sin embargo, las protestas –debe recordarlo Santos y sus asesores fabricadores de sus discursos, las protestas –digo - son de rango constitucional.

En ElTiempo.com

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