Edición 355

Oh, ingenuidad bicentenaria

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Oh, ingenuidad bicentenaria"La mayoría de nuestros líderes apenas si saben leer;

nuestros valores nacionales son puramente económicos".

Alberto Manguel en Lecturas sobre la lectura: Cómo aprendió a leer Pinocho.

Ya van 15 días del paro nacional agrario, cuento en el cual nuestro Presidente al comienzo no creyó. Y van dos siglos de nacionalidad sin que los sucesivos gobiernos se hayan preocupado de verdad por la suerte de nuestro campesinado.

Vimos cómo desnudó en la entrevista de Yamid a Alejandro Estévez, de Fedepapa cuando dijo: Soy partidario de la protesta social pero no del paro (!!!). A continuación Yamid le espetó otra preguntica: "Cree usted que los campesinos conseguirán algo con el paro o todo seguirá como antes del paro"? Y el medroso Estévez contestó: Seguirá igual.

Esa es la constante de nuestros conflictos sociales. Cubrir la realidad con paños de agua tibia y dejar que el paso de los días y los años hagan desanimar al pueblo.

Nuestros gobernantes tratan al pueblo como Geppetto a su títere con nariz larga. Solo piensan que su vida está llena de ignorancias, deslices, pereza, y que su futuro está cantado: Morir pobres y abandonados como nacieron. Ellos no piensan, no comen ni tienen hambre, no necesitan educación. Solo les basta un azadón, unas uñas negras para abrir la tierra y un vaso de aguadepanela para calmar el sol y el frío. Ni siquiera tienen corazón.

Nuestros campesinos, pioneros del trabajo productivo en las lejanías de las grandes ciudades, producen el 85% de los alimentos que consumimos hoy. Pero quienes detentan hoy las tierras y quienes están detrás desestimulando y satanizando el justo paro son los nuevos capitalistas dueños de empresas de la producción agrícola a gran escala y de comercialización, como sucede en los Llanos. Ellos no hacen paro. Ellos pueden competir cara a cara con los TLC.

Vemos desfilar al Ministro Estupiñán, ir y venir y moverse como otra marioneta. En Boyacá y Tunja se han sentado los representantes del Gobierno y algunos campesinos. Que se concederán subsidios, que el Banco Agrario abrirá más las puertas... Pamplinadas, dulces y mermelada para niños y Pinochos traviesos. Allí no hemos oído soluciones estructurales, de fondo, para subsanar el hueco presupuestal de 200 años de olvido.

No se ha reunido el Compes, ni con Planeación y Hacienda se ha pactado un rubro fijo en el presupuesto de 2014, no se ha oído hablar de una ley estatutaria que, por fin, garantice un porvenir digno de seres humanos a los campesinos de nuestros departamentos. No es a punta de limosnas transitorias lo que necesita el hombre, la mujer y los niños que secularmente han vivido en ranchos de adobe. Ellos necesitan capacitación, asistencia técnica, cercanía del Sena, amoblamiento en sus parcelas y modernización de las herramientas de trabajo. Hace falta moldear un nuevo concepto nacional de lo que debe ser una industria rural pujante, competitiva, en manos de los campesinos raizales.

No es con brigadas del Esmad ni con árboles en donde colgar a Pinocho por rebelde. No estamos tratando con hombres de palo ni con seres cavernarios, ignorantes. Estamos a lado del hombre colombiano sujeto de la protección que le concede la Constitución a todos los nacidos en este país que dibujó García Márquez en Cien años de soledad.

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