Edición 363

Perfil de los administradores del estado en Colombia

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Perfil de los administradores del estado en Colombia Vale el esfuerzo de querer mirar con lupa el perfil de extracción regional y universitaria que tienen quienes administran las instituciones que tenemos en el Gobierno que nos rige. Porque importa mucho para una persona pertenecer a un departamento y haber estudiado en tal o cual universidad.

No será lo mismo ser vallecaucano que tolimense o nortesantandereano que de San Andrés o Putumayo. Cada quien mirará, en primer lugar, para su departamento. Por otra parte, quien ha estudiado en una universidad pública, como la Distrital de Bogotá o la Nacional o la Pedagógica de Tunja o la del Valle o la UIS adquieren unos tonos, visiones y metodologías propias de una educación más abierta y nacional. Quien ha estudiado en una universidad privada copia ideologías de sus fundadores y paradigmas de escuelas extranjerizantes.

Quien es nombrado a un alto cargo del Gobierno llega con su mirada puesta en el retrovisor de su talante regional y universitario. No puede ser infiel a su formación y a su origen cultural y familiar.

De ahí que cause gran sorpresa encontrar concentrado el número de ministros y jefes de organismos del gobierno central de gran peso administrativo y político como pertenecientes a una misma región*. A eso puede obedecer el desgano o desinterés por atender las necesidades y problemas de departamentos con los que nunca han estado ligados. ¿Quién atenderá al Cauca, Nariño, Guajira, -por ejemplo- si no hay quien haya tenido su cuna allí?

¿Y quién defenderá la educación pública y nacional si la mayoría, un 88%, tienen ideologías traídas de fuera del país -47%- * de donde estudiaron sus posgrados y tienen sus diplomas que los acreditan como eficientes? Y la mayoría, también, cursaron sus pregrados en universidades tan cotizadas como la de Los Andes y Javeriana, del Rosario y Externado -69%- elitistas y de Bogotá. Parece que no hubiera suficientes técnicos y sobraran los perfiles políticos. Solo se hace necesario ser amigo y conocido de quien nomina para ocupar un cargo. Sigue imperando el caudillismo.

Es decir, nuestros Ministros tienen fija su mirada en paradigmas ajenos a nuestra idiosincrasia, especialmente en economía y planeación. No han tenido casi contacto con nuestras identidades vernáculas ni se han conectado ni asimilado los problemas de vías terrestres, agrícola, industrial, salarial o de la situación precaria de municipios sin acueductos, alcantarillados y vías terciarias de poblaciones chicas y veredas.

Cuando visitan en compañía del presidente una ciudad, por lo general son las capitales el entorno que apenas ven. Se bajan del helicóptero y se reúnen en un salón y de ahí regresan, luego del banquete en el hotel. Pero no se untan de pueblo, no recorren la periferia, ni sienten las angustias de quienes reclaman salud, empleo y atención a sus problemas seculares, como las de las comunidades indígenas y los trabajadores del campo.

Sí que interesa que quienes llegan a cargos altos, tengan arraigo en las regiones, que hayan tenido directo conocimiento de la situación social y económica de la nación.

Tener un palmarés académico no basta, ni ser hijo de un capataz que no se trata con su pueblo, acostumbrado a mandar desde lejos, como hacían los comenderos en la Colonia y los hacendados en tiempos no tan remotos. Es necesario el compromiso social y ambiental con una praxis diaria de un servidor público, por muy alto que aparezca.

En: Semana

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