Edición 365

Más que responsabilidad social, debemos tener conciencia social

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Más que responsabilidad social, debemos tener conciencia socialA finales de los años 70, al terminar mis estudios y mi maestría en prospección y exploración geofísica en Alemania y Austria, comencé a trabajar en Colombia y Venezuela, con diferentes compañías petroleras. Como mi trabajo era la exploración geofísica, tenía que supervisar todo el análisis y manejo de datos sísmicos en lugares, generalmente selváticos y vírgenes donde vivían comunidades de muy bajos recursos económicos.

En contraste con esto, me impactaba ver como alrededor del mundo petrolero se veía tanta ostentación y riqueza, con todos aquellos helicópteros, trailers gigantescos, equipos sofisticados, buffets, reuniones sociales y fiestas que se tenían en nuestros campamentos privados, donde parecía no existir un límite en el derroche de dinero, ya que estábamos en la bonanza petrolera. Esto era como estar en un oasis en medio del desierto.

Durante mucho tiempo estuve viendo como las petroleras construían carreteras, se mejoraban los medios de comunicación, y se hacían escuelas, pero también veía como invadíamos espacios dentro de los pueblos y aldeas que no nos correspondían, pero no nos dábamos cuenta.

Poco a poco fui viendo y comparando la diferencia en la forma de vida nuestra y de las personas que vivían a nuestro alrededor en aldeas cercanas o pueblos. Comencé a ver que mientras nosotros desechábamos y botábamos, ellos reciclaban todo lo que a nosotros nos estorbaba; recogían la comida que sobraba, los botiquines de primeros auxilios, revistas, repuestos dañados, etc; cuando cualquiera de nosotros se enfermaba o sucedía un accidente, éramos transportados inmediatamente a la ciudad más cercana en helicóptero o en cualquier medio de transporte para que recibiéramos la mejor atención médica, mientras que ellos, fácilmente podían morir en sus casas por falta de dinero para poderse transportar hasta el hospital más cercano; mientras que nosotros teníamos un trabajo bien remunerado y vivíamos cómodamente, ellos se aglomeraban alrededor de nuestros campamentos días y semanas enteras, formando una malla humana que obstaculizaba la entrada, esperando cualquier oportunidad de trabajo, así fuera temporal.

Todos estos contrastes me sacudían interiormente, y por eso comencé a ponerle alas a mi imaginación para buscar soluciones y alternativas, para que todas estas personas pudieran tener nuevas oportunidades de vida. Fue así como fui logrando convencer uno a uno a los directivos de la compañía, de la importancia de dar sin esperar recibir nada a cambio, agradeciendo y valorando todas las cosas que Dios nos estaba dando. Les hice ver y sentir que en nuestras manos estaba el poder ayudar a estas personas y que teníamos todos los medios para así hacerlo. Kirk Girouard, Gerente general de Western Geophysical de esa época, con su gran corazón, inteligencia y visión, apoyó esta iniciativa, por lo que comenzamos a crear una red de apoyo, que contagió los corazones del equipo de trabajo; cada uno de los que se involucró en el proyecto, trabajó motivado por el amor a los demás. Esta idea comenzó en Maracaibo, Venezuela y se replicó después a Colombia y otros países de América. Comenzamos entonces, a trabajar con las comunidades, bajo la filosofía de no dar el pescado, sino enseñar a pescar, dándoles máquinas de coser y materiales para que ellos pudieran hacer los uniformes y la lencería que necesitábamos nosotros; a los maestros de las escuelas les comenzamos a colaborar dándoles material necesario para sus alumnos y mejorando la infraestructura; realizamos campañas médicas para nutrir y prevenir las enfermedades, ya que en esa época la malaria, el paludismo, la hepatitis, entre otras eran prácticamente mortales; empezamos a hacer pequeñas microempresas y cooperativas para que nos suministraran los insumos que necesitábamos en nuestros campamentos; trabajábamos con los centros de salud, complementando los tratamientos con acupuntura y sanación pránica (ya que esto la había aprendido en Europa y oriente).

Esta experiencia fue inolvidable, tocó muchos corazones, no solo de quienes recibían la ayuda, sino de todos los que la dábamos y nos dejó una gran satisfacción. Hace poco, me encontré con dos compañeros de trabajo de esa época, quienes con alegría y nostalgia recordaron con lujo de detalles aquellos momentos que se convirtieron en inolvidables.

Más que responsabilidad social, debemos tener conciencia socialPor eso, a día de hoy, cuando participo como ponente en congresos de alta gerencia y liderazgo, y me preguntan respecto a la responsabilidad social empresarial, siempre les contesto, que más que responsabilidad, lo que las empresas deben tener es conciencia social empresarial, ya que la responsabilidad es una actitud impuesta y postiza, más la conciencia se despierta, nace desde el corazón y por ende todo lo que hagamos, lo haremos con amor.

Por esto, considero que para hablar de una verdadera responsabilidad social empresarial, debemos comenzar por cambiar el concepto que tenemos de ella y empezar a mirarla desde otra perspectiva:

-Los dueños y presidentes de las compañías deben comenzar a ver la responsabilidad social no como una estrategia empresarial, ni como una herramienta para satisfacer intereses particulares camuflados en una falsa bondad, que les va a traer beneficios económicos(disminución de impuestos), publicitarios y de admiración y respeto dentro del medio, sino como un principio fundamental de la empresa, para que cada movimiento y decisión que se tome respecto a este tema, nazca desde el corazón de las cabezas de las compañías y así se beneficie, no solamente a un grupo de personas en el exterior de la compañía, sino que beneficie inicialmente a sus propios empleados. Si los empleados que conforman una compañía no se sienten bien, una compañía no puede pretender que se comprometan con un programa de responsabilidad social que beneficiará a otros. La caridad siempre comienza por casa.

- Crear programas de responsabilidad social que tengan diferentes niveles, y vayan profundizando a medida que se obtienen resultados. Estos programas inicialmente deben estar diseñados para que vayan al corazón de los empleados y así, tanto ellos como sus familias puedan tener una mejor calidad de vida. Una vez se ha cumplido con este paso, se debe inspirar, no imponer, a los trabajadores en programas que los llevan a que su espíritu se enriquezca a través del servicio a los demás.

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