Edición 370

El salario se encoge a la medida del patrón

PDFImprimirCorreo electrónico

La muerte paga a un obrero unas monedas

El hombre es la medida de las cosas, dijo Protágoras cuando no había fábricas ni multinacionales ni se había inventado la huelga. La generosidad y la tacañería ya existían y también el metro manual que usaban sastres y albañiles. El pequeño saltamontes de entonces se refirió a que el hombre es capaz de dar su propia dimensión a lo que piensa y maquina. Para ese entonces, por supuesto, ya existía la facultad de interpretar y de hacerle sisa al mercado.

Cuando apareció la Sabiduría, nacieron las leyes y con ellas se reglamentó el pago y el horario del trabajo. Ya para ese tiempo existían señores y esclavos y se construían templos y palacios para faraones y reyes y para senadores y pretores. Llegó luego el medioevo y el campo se llenó de minifundios y se establecieron los diezmos o impuestos. Aparecieron los bancos y se inventaron los intereses y las famosas cuotas de manejo. Realmente Protágoras pensó muy bien lo que predecía. Quienes saben medir bien las cosas son los políticos para los ciudadanos y los votantes.

Hoy en día nuestro salario legal tiene una ridícula medida. Al mes son US250 lo que gana en Estados Unidos en una semana un trabajador ilegal. Y para poder aspirar a ganar de manera formal un salario o el equivalente de un día, debe pagar por anticipado al Estado su seguridad social. A esto es a lo que con bombos se llama seguridad  muy democrática.

Sucedió en Cali cierto día que despertó sin empresa recolectora de basuras. Pero al siguiente día ya las calles se inundaron de escobitas con el logo de una cooperativa de trabajo llamada EjerSer. Le dijeron adiós a quienes laboraban y contrataron a cientos de trabajadores baratos que nunca verán su patrón. Se buscan medidas para que los niños no mendiguen ni trabajen, y mientras tanto las empresas  del Estado cambian de razón social, se declaran en quiebra y las liquidan para echar a la calle a sus progenitores. ¿Quién entiende a nuestras autoridades y a los que miden con una copa de vino o una taza de aguadepanela los salarios?

La cadena de almacenes Éxito se ha salido del formato general que hace caso a la consigna de mermar a tres meses el contrato temporal y tener en vilo a quienes contribuyen con el progreso de sus empresas. El Éxito ha vuelto a dar vida al “tiempo indefinido” en el contrato y sólo falta que les den las mismas garantías a los que todo el día permanecen junto a las cajas empacando y esperando una propina de los clientes. A ellos se les quiere trasladar el tiempo y el cansancio de estos muchachos que no quieren dedicarse al raponeo ni a la delincuencia. Ojalá el buen gesto de un contrato justo sea la medida que imiten las demás empresas y no se les trague la mitad una cooperativa de trabajo que de asociado no tiene sino el ponerlo entre sus dientes.

Los salarios han llegado a achicarse hasta la medida del ojo de una aguja en este país de un corazón sagrado y del rosario en mano o pintado atrás de muchos carros o colgado de su espejo.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significan el criterio editorial de El Buque de Papel.