Edición 353

La apatía de votar por alguien

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La apatía de votar por a lguienDespués de cuatro años de estar sentado Santos en la silla de Bolívar, se acordó que era el presidente de una nación que se está desmoronando por el descuido del gobierno. Ayer, no más, como que se arrepintió y confesó su pecado de no haber estado a la altura con sus conciudadanos. De haber cumplido a medias. Y, más aún, pide que nosotros debemos ayudarle.

No hay resultados en justicia, en salud y seguridad social, en seguridad en calles y comunas, en educación básica y universitaria, en infraestructura vial, en el sistema penitenciario, en agricultura, en tecnología de punta para la industria, en estímulo para que los nuevos profesionales monten empresas, hay desestímulo en adjudicación de contratos y grandes obras a consorcios extranjeros, hay menoscabo en nuestros recursos mineros y turísticos y desprotección a parque naturales, nevados, selvas y ríos.

Entonces, ¿qué motivará a los electores a votar por alguien que no ha garantizado a la comunidad resultados en estas y otras materias? Llámense presidente, alcaldes, gobernadores, senadores, representantes, concejales no han llenado las expectativas. Vemos que hay deficiencias o inexistencia de acueductos en municipios, carencia de hospitales con servicios eficaces, escuelas y colegios con metodologías y planes de estudio obsoletos, universidades estancadas que no brindan innovación ni investigación para el desarrollo.

Vemos corrupción en el Congreso, en las altas Cortes, en las cárceles, en la milicia. Cada día la prensa destapa nuevos focos de ella. No era cuestión solo del anterior gobierno. Continúa el rosario en cadena de nepotismo en la asignación de cargos y vemos las tercerías en el trabajo que acaban con los ingresos justos y decentes. Y no hay un vicepresidente ni un ministro que a nombre del Jefe de Estado haga algo para desmontar esas situaciones.

Se han mostrado cifras a la opinión pública que no corresponden a un bienestar económico y social de los asociados. Las ganancias que se reportan de los TLCs son para los bancos, los exportadores extranjeros en la minería y el petróleo y para los grandes consorcios y capitalistas. Y para vanagloriarse de que la balanza comercial es favorable y que el PIB nacional está muy alto.

Pero para los colombianos de a pie no les queda nada en el bolsillo. Los TLCs han servido a EE.UU., Corea y la Unión Europea para llenar de productos nuestras calles, almacenes y alacenas. Al mismo tiempo desaniman la producción nacional en los campos, calzado y confecciones.

Lo único que ha avanzado es el sector de la construcción. A costa de bajos salarios y pensar que lo único que hay en Colombia es obreros rasos que clavan puntillas y ponen ladrillos para una mal paga mano de obra. Se habla, entonces de que disminuye el desempleo y se consiguen nuevos votos de quienes reciben la ayuda por el plan de vivienda gratis del buen señor Vargas Lleras, con dineros del Estado.

¿Mientras tanto qué hacen diputados, concejales y alcaldes en la provincia? No se sabe. Hay violencia en las calles, se declaran redadas de nuevas bandas criminales, no hay energía eléctrica en muchos sitios del territorio, no hay acueductos con tanto río. ¿Será justo que la gente siga votando para que todo siga igual y el candidato repita como disco que "juntos, todos nosotros, tenemos que seguir el camino porque hemos hecho mucho pero hay muchísimo por hacer"?.* A propósito, ¿usted volvió a oír la cantaleta de la tal locomotora de la prosperidad?

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