Edición 375

La oveja rosa

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La oveja rosaEn Ballintoy, Irlanda, sus ciudadanos esperan la llegada del Giro ciclístico de Italia cuyo líder porta una camiseta rosa. Por sus calles y campos circulan unas graciosas ovejas con pelaje que le han robado el color a las rosas de sus jardines. La revista Semana publica esta imagen como una de las más pintorescas del mes.

Quién hubiera imaginado que las ovejas también vistieran de rosa y posaran para una pasarela. No sabemos el nombre de este hermoso ejemplar, pero podemos colegir que será una fémina que arregló sus lanas para esta galería exclusiva. Su nombre será Elvia, Irina, Clovis o Eufemia. Cualquiera de ellos le cae bien y algún modisto la enviaría de primera para presentar su última colección.

No puede pasar por mi cabeza que una humilde oveja se haya prestado para teñir la capa de su piel. Yo asumo que es el color original de esta raza. Me parece algo extraño que su cara luzca tan blanca con excepción de las orejas que también exhibe con el color del resto de su cuerpo lanudo. No le vemos en la foto las extremidades y no me atrevo a decir si son blancas y lampiñas como su rostro. Tal vez sean como sus orejas, pienso.

He visto a nuestras ovejas blancas que van unas tras otras, en rebaño, al mando de un pastor o de un gamonal de pueblo. Conozco a las merinas que son más sofisticadas y abotagadas, no de nuestros campos criollos. Y también conozco a las ovejas negras, entreveradas con las blancas. Sobre estas últimas se han tejido historias no muy gratas y discriminatorias.

Quién pensara que esta clase de animales tan simpática fuera a convertirse con el paso de los años en baldón y causa de vergüenza.

Son tan sencillas, tan simples, tan dóciles las ovejas que han llegado a simbolizar la inclinación a seguir como súbditos incondicionales a tiranos, pastores, gamonales, políticos y camajanes, patrones del mal o bandidos. Se agrupan detrás de un personaje de estos y en rebaños bajan la cabeza y caminan y recorren años por años a donde ellos los lleven. Se dejan esquilmar, les ponen en su cuello un dogal con campanilla y le hacen propaganda al que le hable duro.

Cuando vi a esta oveja rosa, sentí compasión por ella. No es una diva del espectáculo, no piensa por sí misma. No tiene una personalidad decidida y erguida. Es una oveja del rebaño rosa de algún jeque o mandamás que la llevó a una feria y un fotógrafo vendió su foto a un periódico. Cualquier parecido con otra oveja de cualquier partido de hoy, es mera coincidencia. Podía ser verde, azul, más roja su piel o larga su lana, como de raza lincoln. Pero la oveja, como el lobo, se conoce por su oreja gacha, por su rabo o por su esquilmado lomo.

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