Edición 354

¿En todo caso para qué la cultura?

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¿En todo caso para qué la cultura?En un contexto como el de Colombia en el que se suele entender como algo que se tiene o no se tiene, cultura es ser culto o a rendirle culto a algo o alguien, como a los ingleses caídos en combate en Cartagena o a Benkos Biohó el revolucionario cimarrón, por ejemplo.

La cultura es un asunto menor, porque lo importante es aquello que produce y que genera ingresos, da votos e imagen. Ese asunto de la cultura es una atadura de despistados y creadores que pierden el tiempo con artificios del lenguaje y la estética; de antropólogos cautivados por aquello que piensan dicen y sueñan las personas y economistas que buscan la relación entre consumo cultural y la felicidad.

Esta suposición es la que domina en las personas. Las valiosas y valientes excepciones es la de personas atrincheradas en sus baluartes culturales, es decir publicaciones, teatros, proyectos digitales, o incluso quienes lideran uno que otro programa clave a nivel oficial, o en ciudadanos inquietos por los temas culturales. Todos ellos van haciendo sus tareas sin esperanza de encontrar alguna financiación para sus quimeras.

Esta constancia configura en sí misma un comportamiento político relevante. Qué sería de Colombia sin la fascinación por el color de sus artistas plásticos, los actos insurrectos de los bailarines de salsa y champeta; los versos eróticos de sus poetas; el lenguaje de los palenqueros; las provocaciones de Vallejo y la gallardía de periodistas con mística.

¿En todo caso para qué la cultura?Aquello que es relevante culturalmente parece circular en las calles, en el viento, en las esquinas donde se habla y parrandea, en esa vocación histórica que tenemos para el despelote, la recocha y la rumba. La cultura entendida como evento es un problema, en muchos casos no es considerada por la gente como algo importante más allá de la fiesta o en algunos casos de las expresiones culturales tradicionales. Y sin embargo si se renunciara a la cultura, seria ella misma quien nos interpelaría.

La antropología enseña que la cultura nos constituye con sus aspectos negativos y positivos; sedimentados y dinámicos; es ella misma la que nos pone de frente a varias preguntas: ¿Que ha sucedido en Colombia para que no exista una cultura política que se traduzca en control político, en un ejercicio a conciencia del voto y en una valoración de la cultura como motor de desarrollo? Si el destino es la parranda y la fiesta como único bastión de la cultura como lo demuestra además los estudios entonces ¿qué hacemos con otras expresiones culturales menores?, ¿No podríamos lograr consensos en algunos mínimos como el de hacer posible la diversidad cultural?

A veces falta de espesor en lo que se concibe como cultura, que parece a veces reducida a fiestas y festivales, habría entonces que intentar un ejercicio básico, que no es el portarse bien de la cultura ciudadana, sino entre el abigarrado mundo de la cultura, lograr que no solo la vida se tramite en la fiesta, sino también con otros dispositivos como los teatros abiertos de manera gratuita para las propuestas y talentos locales con su gente pensando y reflexionando e inaugurando este periodo histórico llamado del "pos-conflicto" y estirando los diálogos más allá de la Habana y trasladándolos a los escenarios de la sociedad civil.

Imágenes tomada de Tierra Colombiana, Sxxhistory.blogspot.

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