Edición 364

"Las mujeres no somos la costilla de Adán"

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La frase del título no es mía. Es de Marcela Gallego, coordinadora nacional del movimiento feminista Ruta Pacífica de las Mujeres, ganadora del Premio Nacional de Paz 2014.

Es una frase que contradice el espíritu de su significado y de la impronta que ha causado su apego a esa consigna aparentemente inocente y risueña. Esa imagen es parte de la fábula con la que narra el autor bíblico la creación de Adán y Eva. Es tan vívida que ha quedado grabada tan hondo que por siglos ha sido tomada como cierta por aparecer en ese libro que, en su conjunto, trae historias ejemplarizantes.

Puede ser que el narrador quiera decir que la mujer nació no del barro como el hombre sino que emergió como parte del hombre. - ¿Por qué no de otro lugar más significativo como del corazón, del cerebro? Era la costilla una parte codiciada por los cazadores en esa época primitiva seguramente. La costilla hoy, y también ayer, es presa excelente para asarla a fuego lento sobre leña. El autor debió pensar mejor y no dar ocasión a las futuras generaciones a la confusión a que hemos llegado.

¿Cómo así que la mujer apareció en la mano del hacedor, como hace hoy el financista o el lechero cuando ejecuta el gesto de introducir la mano en el chaleco y sacar su billetera? Es una imagen ramplona y poco caritativa. Ni un prestidigitador deja ver en el momento de escamotear lo que saca de su manga o del bolsillo secreto.

Esa manera de presentar en sociedad a una preciosidad como es una bebé o una reina de belleza no se compadece con ese acto tan burdo de extraerla del interior del tórax del hombre. Es parecido a lo que hace hoy, ni más ni menos, el cirujano cuando realiza una operación de corazón abierto. Deja heridas, cicatrices y escozores.

La mujer es un ser independiente, lo ha sido y lo será siempre. No es una parte del hombre, porque ni la parió él ni nunca la ciencia ni otras teorías lo han predicado. No es un apéndice ni un pedazo de hombre, valga la redundancia. ¿Qué cómo apareció en el mundo? No como lo hicieron los hijos de Zeus y Leda por medio de un huevo, como dice la leyenda griega. Solo es posible que haya nacido de la unión de dos gametos en una urna sacra llamada útero.

Lo acaba de decir y poner de nuevo en la palestra pública Marcela y lo están pregonando muchísimas mujeres que se han despojado de la tutela innecesaria del hombre. Basta ya hombres de servirse de las mujeres para que le sirvan de pedestal o plataforma para lanzarse y engreírse a sus anchas y a espaldas a ella o en contra. Basta ya de servirse de su hermosura y de su dinero y su ingenio y a cambio despreciarlas.

Buena reflexión para empezar la paz por casa e iglesias. Que los hombres sintamos la autonomía de la mujer que convive bajo nuestro alero y que dejemos de lado ideologías de machos anticuados.

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