Edición 369

Camilo, el cura soñador y decidido

PDFImprimirCorreo electrónico

Camilo, el cura soñador y decididoHoy, casi a punto de cerrar un largo y escabroso camino de negociación para encontrar un ensayo de paz entre el Gobierno y las Farc, el grupo más antiguo de insurgencia guerrillera, aparece allá de fondo la imagen serena de Camilo.

Para quienes fuimos contemporáneos y vivimos esos primeros escarceos en que brotó como un sartal de géiseres un conjunto de personajes como Guadalupe Salcedo y Tirofijo, a raíz de los llamados chusmeros chulavitas, pájaros y cachiporros, la figura del recién salido de las aulas de Lovaina sobre nuestro suelo colombiano, fue todo un suceso intelectualista y de expectativas de solución para la clase proletaria.

Camilo llegaba con nueva sangre, y a la par con otras figuras como el obispo rojo, Helder Cámara en Recife, Brasil traía en su valija teorías y consignas de liberación y lucha. Poco tiempo le bastó para reunir en torno a sí a colegas y simpatizantes en la academia y en el seno del clero joven.

En Camilo Torres Restrepo se juntaban varios elementos que hacían resaltar su llegada al país en una época que se fraguaba ya el Frente Nacional, o la alternancia de los partidos tradicionales en el solio de Bolívar. Nunca como en ese momento se cocinó tanto en la olla de la conciencia joven pensante el hervor de la sangre para emerger de tanto olvido y desdén por parte de la clase dominante sobre la clase de abajo.

Junto con Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna, Virginia Gutiérrez de Pineda dieron inicio en la Universidad Nacional la Facultad de Sociología que dio luces y encendió el amor por la lucha de clases a favor de obreros y poblaciones marginadas entre la juventud. Otros sacerdotes como el cura Gustavo Pérez y René García, Germán Zabala y Manuel Alzate se unieron en torno a él. El ambiente estaba caldeado por los vientos renovadores del Concilio Vaticano II impulsado por el Papa bueno, Juan XXIII.

El Arzobispo Concha Córdoba de Bogotá lo hizo retirar de la Universidad Nacional, lo mismo que a otros sacerdotes que abanderaban causas sociales como Efraín Gaitán desde la Revista El Voto Nacional, confinado a Chocó.

Camilo Torres, decidido, desempeñó papel importante en 1962 en la reforma agraria en el Incora, recién fundado. Pero su visión y sed de lucha por la redención de los campesinos, obreros y clases trabajadoras cada vez lo acuciaban más fuerte. Y decidió, como un guerrillero de base, tomar las armas en la clandestinidad en contra del poder del Estado. Estaba convencido que el diálogo y el dar la cara para celebrar acuerdos no eran herramientas válidas para equilibrar las fuerzas democráticamente hacia una igualdad soportable.

Y Camilo marchó, como el lobo de Gubbio, a buscar la solución mediante la oposición armada, como lo proponían también los jefes de las guerrillas nacientes. Allí cayó como un cordero inexperto en el primer combate el 15 de febrero de 1966. No aceptó los privilegios de los jefes y puso su cara y su pecho en la vanguardia al brazo de las tropas del ejército adscritas a Bucaramanga.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.