Edición 354

Barca de los sueños

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Barca de los sueñosY la nave va... con sus sueños y el viento

De nuevo he visto, allá debajo del puente, al destino de las aguas del Río Aguacatal que lo llevará hasta el Cali y luego hasta el Cauca, a una barca de importante eslora y con un mástil más fuerte que el de hace ya casi un año. Quiere decir eso que la armería ha ganado en experiencia y en aparejos para fabricar el navío.

¿Cuántos sueños habrán tenido sus dos armadores y cuántos millones tendrán que haber acumulado en estos meses para diseñar, comprar y contratar obreros para echar al agua, por fin antes de ayer a esta Nave? Mucha agua ha corrido por debajo de puente y el cuerpo de su creador habrá dado vueltas en su duro colchón para darse a la tarea de recoger del camino adornos relucientes, hojas grandes de palmeras y de árboles de junto al Río.

No ha sido tarea fácil para su principal creador diseñar este barco para que resista los embates del tiempo, las brisas de sotavento y los envidiosos que quieran escalarlo y echar por la borda trabajo tan artístico y dispendioso.

La Nave sobre todo debe avaluarse por el ingenio con que fue construida. Posee unas dimensiones proporcionadas, altura suficiente en su mástil para soportar las velas y el viento en alta mar. Sus máquinas están provistas de los últimos inventos de la ingeniería marítima. Tiene radar y aparatos de comunicación de última generación para casos de emergencia. Nada ha quedado al garete.

Aunque ya se ha echado al agua y se le ha roto en su casco la clásica botella de champaña para su primer baño en aguas profundas, no ha sido posible conseguirle un adecuado Capitán. Mientras tanto su constructor lo tiene amarrado como un perrito desde su punto de mira cuidando de ver su reacción frente a las corrientes y tempestades en esta época de huracanes que empieza.

Pobre barcarola, fruto de desvelos, sacrificios e ilusiones. Mírenla ahí sobre las mansas aguas. Se bambolea suave ante el menor impulso que los vientos del sur le toquen por la proa o por los costados. Su cubierta está esperando que los pasajeros suban ante el permiso del Capitán. Sus bodegas aún están vacías y las escotillas están cerradas.

Solo los sueños han empezado a navegar. Sus alas están desplegadas y los pechos están henchidos como las velas en altamar. Felices están su creador y su ayudante de cámara en tierra. Ya han cumplido la hazaña de darle forma, de aparejarlo y echarlo al poder de las aguas. Buen viento y buena mar, capitán.