Edición 372

La hora de la verdad y del trapo rojo

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La hora de la verdad y del trapo rojo

Se me vienen a la comisura de los labios las palabras del Tribuno del Pueblo: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor…”. Las elecciones de dignatarios del Congreso el pasado 20 de julio en el Capitolio Nacional dejan una luz de esperanza. Que antiguos pala-ciegos y espada-chines hayan roto los a-cuerdos, da la im-presión de que las relaciones con el de arriba se han interrumpido y que tanto lobby los dejó al borde de la Corte o de la Fiscalía. Tanto roce y llamadera a desayunos los ha dejado, perdón, estragados.

Esta situación debiera aprovecharla el liberalismo, para volver a tender sus toldos en las plazas. Que se vea la alegría de la democracia. Que se vean los candidatos con las manos libres saludando sin necesidad de cheques ni rosarios. Que se abracen nuevamente los desruanados con los de ruana, que vuelvan los carros por las carreteras para ver cómo están de destapadas. Que ya no se visite a toda hora por helicóptero pues desde allá no se ve la miseria ni la deserción de los niños a la selva, ni la desidia de los concesionarios y ministros en las obras.

Que los amigos de Gaitán, de los Lleras, de Lara, de Galán salgan a sacar el brillo de las obras y las ejecutorias que ellos trazaron. Que se vuelva a hablar de pueblo, de trabajo, de la tierra y sus cultivos como lo hicieron López Pumarejo y el negro Gaitán. Que se agite el trapo rojo, no para que siga la guerra, sino para que se encienda a amor por la patria que se cambió por dólares, subsidios y prebendas.

Después de ocho años de acabar con tantas fuentes de trabajo, de pender la seguridad de un Plan Colombia, de pelearse con altanerías las llamadas autoridades que representan a Colombia, es justo que volvamos a tener un presidente firme como Carlos Lleras, progresista como él, con ministros que trabajen en sus carteras de Salud, de Trabajo, de Hacienda, de Agricultura, de Obras y Transporte (¿?). Que vuelvan los tractores con sus arados, que vuelvan los campos a verse cultivados de papa, arroz, maíz, cacao, tabaco, naranjas y que el ganado sea garantía de paz y leche en las sabanas y los valles.

Pareciera, a veces, poesía esto que escribo. Eso puede ser y también es una queja de lo que le duele a nuestra Patria. De ver cómo se desmadeja en sus ríos, en sus árboles, en su producción, cómo se vende al extranjero y los líderes venden y se encierran con su plata en el silencio.

Es hora de que quienes no se aliaron con el gobierno de turno saquen sus ases y el honor del espíritu nacional de sus ancestros. La ideología liberal de algo tiene que servir ahora que se ha cambiado por el “pensamiento” neoliberal y el clientelismo. Uribe Uribe, Mosquera, Murillo Toro, Hilario López, López Pumarejo, Santos, Lleras Camargo, Lleras Restrepo, Gaitán y Galán dejaron ideas, obras, leyes que han sido suprimidas y derogadas. Habrá que volver a alzar el puño y gritar de nuevo: “¡A la carga!”, con sangre nueva y sin tapujos en la manga.

Si no aprovechamos este momento feliz, dentro un año seremos tratados de nuevo como insurgentes. No podemos dejar que el tiempo arregle lo que la inteligencia no consigue.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.