Edición 359

Premio Nobel para un canto

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Premio Nobel para un cantoNos falta mucha vida para ver y comprobar. Cada día una nueva maravilla se abre como una flor y nos perfuma. ¿Qué sería del Universo si no cantara y su evolución se convirtiera en 365 días dando la misma vuelta para mirarse en el mismo espejo?

La Academia nos tenía acostumbrados a otorgar el premio más jugoso a señores o señoras que vivían casi a solas escribiendo o mezclando sustancias en laboratorios en matraces y pipetas como alquimistas sin tiempo ni medida. La regla era la precisión, la constancia, la contundencia, el beneficio a la humanidad, bla, bla, bla, y... claro, el lobby.

Pero llegó el día y la hora de la farándula, de quienes viven de conciertos, teatros, grandes escenarios abiertos entre luces, bombos y platillos. Y el mundo - que vive de estos banquetes y de escudriñar la vida superficial de sus estrellas no lo podía creer. Premio Nobel para Bob Dylan, se oyó en el parlante del mundo.

Tanto había cantado, tanto había taladrado el oído de multitudes, pero no había sido entendido. ¿A qué asistían los millones de espectadores que nunca lo presintieron ni les interesó la poesía de sus canciones? Solo acudían por las voces de los trombones, de los platillos, de las congas y tambores. El ruido, señores. No, la exquisitez de las letras de sus canciones. No. Eran apenas gritos, rarezas, jerigonzas que nadie entendía: voces de protesta, era lo más que se oía. ¿Por qué a él si hubo y hay otros más famosos?

Premio Nobel para un cantoCuántas noches Bob se sentaría en las altas noches, bajo la luna y con los ojos bien abiertos, a escribir lo que su corazón le dictaba: I want you... de sus camareras, bailarines, de soxofones que le hablaban, del tren del paraíso en Knockin on heaven door, en el cascabeleo de la mañana, entre un saltarín carrete de poesía,... lejos del estrafalario alcance de la loca tristeza, en Mr. Tambourine Man... o, escritores qué profetizáis con vuestra pluma... The time they are a changin, o a través del agua que corre por mi al cantar... ¿El dinero que tienen es tan bueno como para comprar el perdón?... Son agujetas, no más. Y no conocemos sus dibujos que, también, han sido reconocidos en el premio.

¿Por qué no se había fijado la Secretaría de la Comisión en estas letras, en estas y otras elevadas imágenes que clamaban por la justicia y a la compasión más que una oración y letanía sin horizonte? La poesía no es almíbar y llanto, lamentación y ruego ni la pintura. Es no dejar correr el agua sin que nos conmueva, fijarse en el rostro del mendigo, abrir los brazos y alargarlos para consolar unos ojos tristes, gritar por la violencia que patrocina el de arriba y condolerse por los de abajo.

Bob Dylan sigue su canto. Cadencioso y cercano pero con fuerza altiva. Ya hizo un pronunciamiento escueto sobre su premio y sabemos que no ha hecho lobby. Él sabe que su canto sale del alma y eso basta. Importa que cale sobre los tesoros guardados y sobre los corazones de piedra, como gotas de fuego. Largo aplauso desde Cali, cuna de guitarras y flautas, de solistas y ensambles.

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