Edición 363

La almohada de la corrupción

PDFImprimirCorreo electrónico

La almohada de la corrupciónMal de todos, consuelo de tontos, dice el refrán. América, Europa, la FIFA, los Estados, la empresa privada mundial, todos los estamentos están contaminados de esa peste roja que es la corrupción.

Sí. Corrupción. Estamos enfermos todos del cólera de la corrupción. Una enfermedad que se contagia por el roce de billetes y el deslumbramiento que produce el oro. Es como el mercurio, se riega y su hasta olor mefítico entra al organismo y lo corroe.

En Colombia esa epidemia, esa enfermedad que ya es una tara, viene aumentando y ya no se oculta. Entra al organismo con un tamal en elecciones, con un miserable billete de 20 mil pesos para el bus, o para el almuerzo corriente el día de elecciones. Es tan obvio que a uno le obsequien un billetico, sobre todo si hay cansancio, y una risita de complicidad al recibirlo de un cacique tan poderoso y tan importante...

Nos hemos acostumbrado, como el cuento cortísimo de Monterroso: a despertar sobre la almohada de la mentira en las mañanas y ver a nuestro frente al dinosaurio sonriente de la corrupción que nos saluda desde el televisor o en cualquier emisora a través de una propaganda de una multinacional o de parte de uno de los 3 o 4 potentados intocables en la reforma tributaria.

Tanta casa, dizque barata, sin servicios, a medio terminar, para gente desempleada que solo tiene el compromiso de votar en elecciones por un voto señalado, como las de Chávez. Tanto contrato, tanta inversión extranjera y las obras se caen antes de empezarlas o inaugurarlas. Tantas obras 4G que imitan símbolos de celulares para decir que hay calidad de cuarta generación... sin haber probado que la calidad siempre será "de Primera" en nuestro argot colombiano.

El cáncer de la corrupción tiene varios nombres: auxilios parlamentarios, mermelada, partidas para obras municipales, departamentales o nacionales, contratos con consorcios extranjeros o regalías o concesiones o permisos legales a minerías o petroleras. Debajo del papel y la firma va el cobro por anticipado de la "coima o contraprestación de ley espúrea". Ya se ha regado tinta y desdibujado el negociado con Odebrecht. Como hay tanta gente "pesada" hay peligro que todo "quede así".

Nadie de arriba quedará en el suelo. Solo quedarán tocados los intermediarios, los bobos, los avispados que llegaron de chiripa, los Pedros sin fortuna. Los ministros, viceministros o de ahí para arriba apenas tendrán con el sonrojo de orejas por mencionarse como gatos entre brasas sus nombres en la radio y la prensa escrita. De ahí no pasará. Todo se cubrirá con cualquier cortina de humo o la alharaca de un desliz menos grave de cualquier caso de familia o algún policía.

¿Qué hacer para acabar con la corrupción en nuestro país?, se preguntan los observadores. ¿Pronunciarnos con la abstención de las listas en las próximas elecciones? ¿Anular así la aspiración repetida de quienes han detentado el poder y lo han corrompido? ¿Promover en una consulta Popular reducción de curules, de dietas parlamentarias y establecer períodos cortos en el Congreso?

  • *Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.

Imagen tomada de La Nación.