Edición 367

¡Ven nena y enciende mi fuego!

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Las columnas de opinión deberían pensarse como canciones. Cuánta información que corre por el mundo que no garantiza la verdad y atiborra los días ya fatigados. Las razones para tener esperanza nadie sabe darlas. El sinsentido y la fatalidad parece ser el rostro de este momento. Imaginar recorridos compartidos es una utopía en el reino rampante del individualismo.

Cada quien tratando de hallarse. ¡OM embolatada armonía! Entonces para lidiar con el mundo están las canciones:

Unchain my heart, send me free...

No voy en tren, voy en avión...

La soledad es mala consejera, baila conmigo y olvida tus penas...

We are the champions...

La sangre es amarilla, el cielo esta al revés...

Bonito, todo me parece bonito...

Por eso le dieron un nobel a un compositor de canciones. La mayoría de la gente no quiere discursos. Quiere cosas que lleguen directo al corazón. Y tampoco largas novelas. Quieren pequeñas postales que delaten en donde se esconde lo bello. En el reino del chat y el mensajito veloz o grabado, la fugacidad es un poema: Te pienso mucho y no le encuentro sentido a nada. Luego, unos ojitos con lágrimas. Los sesudos análisis de expertos son para expertos. Y lo que pega entre más tonto mejor: falta una tabla en la cama es el hit en Cartagena y los pueblos.

Si se quiere decir algo que valga la pena debe tener swing. Sin swing mejor no decirlo. Así que se debe sonar y vibrar como Hendrix en su guitarra, Piazzolla en su bandoneón o como el abrazo de una pareja de tango. ¿Y esa sustancia mística llamada amor? Toca desperdiciarla. Soltarla por doquier. Actos extremos de amor y generosidad son los que se necesitan entre tanta discreción, formalidad, malvivire, fatalismo y egolatrías.

Y quienes todavía siguen vociferando y matando con esa otra violencia, la del lenguaje que estigmatiza y señala son la masa gris que tiene en el limbo a nuestro país. Quienes entre susurrros proponemos otras cosas, no nos mueve una superioridad moral que nadie tiene en este reino de la sobrevivencia. Solo vamos sin prisa y sin pausa, Pazeando, explorando opciones.

El wasap es el reino de toda clase de grupos que se dan bendiciones y buenos augurios. Enfrentar la incertidumbre se sortea con ese juego de mensajes. Cada quien es el dueño de la mejor estrategia para lograr el éxito y este es el lema de universidades, empresas e iglesias. Y en el fondo de esto los escritores de canciones nos sonríen desde su inmortalidad: ¿No es así viejo Bob, viejo Héctor, Janis, Herencia de Timbiquí?

En esta vieja tripulación siempre hay música. Gracias Buque de Papel por seguir navegando. Y permitir que se sigan anunciando viejas terquedades. Estamos componiendo una canción colectiva. Lenta y con cuidado. La de las víctimas en los Montes de María. La de los jóvenes que dicen las vainas con frescura y proponen recorridos. Purificar y encender la memoria pide muchas canciones y mucho arte. Conectar con los jóvenes exige ir a la sustancia.

La compasión por los que optaron por la violencia es un acto opcional. Decidirlo es quizás liberador. Y quienes lo sufrieron son las voces que deben guiar la actual jornada de Colombia. Los que todavía permanecemos en este lado de relatar e interpretar la realidad nos contiene una musiquita. Esas canciones.

Los políticos son hábiles en encender violencias y predecibles. A excepción de alguno que sigue constante en la lucha por la soberanía y la corrupción. Algún otro que sí encuentra y concilia tantas fuerzas progresistas lo(s) la, podríamos tener de presidente. Y uno que otro verde que anda por allí tímidamente queriendo irrumpir. Si alguien escoge una de estas oraciones y juega con ellas tiene una canción.

Ahora, si alargamos las oraciones para poder contar algo más y cambiamos el ritmo se podría decir que: no ha cambiado mucho en esta tierra de sibaritas santos y bandidos desde la última vez que escribí para El Buque de Papel. Lo que cambia parece imperceptible para las noticias diarias y solo lo capta la poesía. Lo capta el poder simbólico del arte. En las obras creadas con los montemarianos están mezcladas las señales del dolor y la esperanza. Allí quedaron impresos trazos y palabras tímidas que auguran algo mejor. Al menos algo real: nos jodieron escribieron en un lienzo con los materiales de la tierra. Jodidos pero enteros y ávidos de futuro.

PAZeando por Los Montes de María pretende inaugurar un recorrido compartido. Es una muestra de las obras creadas por los montemarianos y el artista Miguel Burgos en los ejercicios de pensar la reconstrucción participativa de la memoria histórica. Aquí circulan las huellas y voces de quienes resistieron y sobrevivieron a la violencia. Cuenten esta noticia. Es un sencillo acto de la conciencia. Esas huellas y augurios reposan en unos lienzos que lloran y sonríen.

En esa instalación habitan los corazones generosos de quienes vienen de otras partes del mundo a hacer voluntariado social y buscar el país oculto. Los que trabajan consagradamente para que lo doméstico sea un paraíso. Los futuros politólogos que visitaron el país en el que el Estado sigue sin hacer presencia. Las inteligencias que se desprendieron del ego y se colocan donde se necesitan. La gente amable del país olvidado que no para de aguantar, reinventarse y luchar. Los artistas que traducen en símbolos las vivencias de su gente. Es una obra en creación continua para ir liberando dolores. Para relatar la luz y las penumbras de lo vivido. Apenas empieza el camino.

La paz no se ha logrado en Colombia porque siempre dejamos a algunos por fuera. Y este es el momento: Gabino y su combo del ELN pensando en cuál es el modelo de desarrollo que quieren proponerle al país, los paras (políticos y los otros) en el dilema de continuar moviéndose en los laberintos del bajo mundo o recuperar algo de conciencia política; los guerrilleros que regresan a sus territorios con sueldos que podrían dedicar a actos nobles; los narcos reclamando una condición política como amos y señores en algunas partes del territorio; los campesinos sin tierra; los indígenas cuidando los saberes ancestrales; la clase media fresca creyendo que el país es RCN, Caracol y Semana. En fin, la larga lista de todos los que habitamos este territorio. Y muchos quienes desde sus rincones olvidados por el Estado entienden mejor cómo es que toca echar a andar nuestro país. Y saben muy bien todo lo que estoy diciendo.

Este es el momento. No tendremos otro. La parte final de cómo se implementa lo bueno de los acuerdos de La Habana se entendió que va a ser difícil con este Congreso. Se necesita una nueva generación de líderes. Ideas frescas y audaces que irrumpan. Pero sobre todo va a ser con esa inmensa población de colombianos que sabemos que debajo de los duelos y la tragedia vivida hay una canción que la componemos entre todos y por todos.

La cantan los profes en su paro, los indígenas en sus mingas, los defensores de derechos humanos en sus peleas diarias, los líderes sociales que nos dicen desde la eternidad que si no nos ponemos pilas somos los próximos en la lista, los periodistas en sus crónicas sin terminar, paras y farucos en las cárceles, los funcionarios que hacen bien la tarea, los empresarios temerosos, Santos en su laberinto, tanto talento haciendo cola para ser celebrity y el ciudadano de a pie que va allí, son su cadencia de aguante y alegrías fugaces.

¿Quién empieza por la primera estrofa?

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.