Edición 353

Ecos en el alma de XXX Encuentro Internacional de escritores

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Ecos en el alma de XXX Encuentro Internacional de escritoresAcaba de terminar la trigésima edición del Encuentro Internacional de Escritores que inició en 1980 el rector del Colegio Pío Alberto Ferro, Don Alonso Quintín Gutiérrez  y que luego abrazó con fervor el periodista de Ortega, Raúl Ospina Opina.

El Encuentro encontró tierra abonada desde su inicio. Chiquinquirá es la cuna de Julio Flórez, José Joaquín Casas, Carlos Martín, Antonio “Jetón” Ferro, todos maestros en el buen decir. La ciudad nació con vocación de cara al arte y la guabina que lleva su nombre, su símbolo musical, lo pregona. Su historia, su Santuario mariano, sus gentes sencillas y afables, su paisaje señorial de verdes pastos, su clima, cielo azul y grises montañas la dan un marco propicio como centro de cultura.

El Encuentro reunió a más de 40 cultores de la palabra de Colombia, Inglaterra,  Ecuador, España y Bolivia. Novelistas, poetas y periodistas hicieron oír la palabra enhebrada en cantos y fantasías.

Por cuatro días el Parque Julio Flórez, las calles bien trazadas y limpias y el Club de Comercio se llenaron del encanto que traían los fabuladores en sus libros y cuartillas. Capellanía, Nariño, Ráquira, Santa Sofía, Saboyá y los diez y uno más colegios de la Villa disfrutaron del humor, los gritos de amor y dolor y las denuncias que brotaron de las gargantas de quienes escriben lo que en nuestra patria se vive.

En esta fecha de gloria la Fundación Cultural “Jetón Ferro” rindió homenaje a escritores que enorgullecen a Colombia. La obra de Gustavo Álvarez Gardeazábal fue aplaudida en su ausencia, Javier Ocampo López y Enrique Medina Flórez engalanaron el podio con su presencia y sapiencia. A Giovanni Quessep honró José Antonio Vergel y a Fernando Soto Aparicio hizo reconocimiento Eduardo Páez Escobar.

La mujer recibió homenaje en la vida y obra de las poetisas Laura Victoria, y Matilde Espinosa de Pérez fue traída a la memoria con escrito de Milcíades Arévalo. Al final de las jornadas, Eutiquio Leal fue recordado en palabras de su Mariela Zuluaga.    

Para terminar el encuentro, su director y mentor llevó de la mano a su cuarentena de invitados a los sitios de más interés en la Villa. Salió la cultural comitiva del Hotel Sarabita, pasó por el Parque Julio Flórez donde alzan su busto no las lanzas ni los sables sino los poetas que le han dado renombre a Chiquinquirá. De paso por la casa del autor de Mis Flores Negras, siguió el enjambre a la casa que fue de José Joaquín Casas, el poeta de la patria chica y terminó el periplo en la reconstruida Estación del tren, Palacio Cultural Rómulo Rozo, ahora biblioteca municipal.

La Fundación “Jetón Ferro” debe sentirse orgullosa de haber celebrado estos 30 años de labores con el corazón henchido. No es fácil en Colombia hacer cultura por los vaivenes y sinsabores. Vivir de poemas, cuentos, fábulas, canciones y danzas es un placer para el alma. Y por eso Raúl Ospina, su director, rió en esta ocasión más de la cuenta y preparó sus mejores cuentos, chistes, ternos y corbatines. Él sabe conducir el agua al molino y toda la ciudad lo aprecia.

Congratulaciones, Chiquinquirá y organizadores del Encuentro Internacional Anual de Escritores. Buen viento y buenas plumas os cobijen y engrandezcan.

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