Edición 353

Colombia: algunas señales para transitar hacia un mejor destino

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Colombia: algunas señales para transitar hacia un mejor destino¿Por qué no hacer de las columnas de opinión una canción? Así  vamos rápido a los sitios claros y sonoros sobre los que podemos tararear. Si a cada frase se le pide una explicación, a dicha frase se le abre la panza y  allí esta.

Empecemos. Colombia es un país que se convenció que el producto básico de la canasta familiar no es la fruta  o el pan sino la seguridad, ese es el pan de todos los días. Un lugar donde se pauperizó el sentido del bienestar pero al  mismo tiempo un país que se piensa y se anhela distinto como se comprobó en las jornadas de discusión del proyecto Zona Común de la Fundación Zero.

Sigamos con el listado de temas sobre los que es necesario volver a pensar y así empezar desde cero pisando fuerte. Después de leer la cara y el sello de la Ley de justicia y paz publicado por Semana y Planeta se reconoce el nivel protagónico de la victimas en Colombia  y los esfuerzos por reconstruir su verdad  que parcialmente  va saliendo.

El lado oscuro sin resolver todavía es que vivimos en una sociedad que desde la legalidad de izquierda y derecha se promovió e inspiraron las soluciones de fuerza y militares. (Decirlo con nombres le corresponde a quienes investigan el tema) Aquí todavía no hay un pacto social sincero por la paz. Habrá que buscar la paz que promueven los gurús, la que viene de adentro, porque la otra sigue siendo de mentiras.

Mas allá de las fronteras estamos los humanos, los que también sabemos que la piel comunica, sintiendo anuncios apocalípticos del sol; la tierra ya empieza a desatar una furia que es poca si se piensa en los desmanes que hemos tenido con estos personajes vivos de los cuentos indígenas.

Ya el sol no calienta igual, está enfadado y el planeta empieza sus primeros sacudones que son sólo el inicio de otras catástrofes que exigen un ejercicio más sentido de cuidado por el planeta. Así que superando la actitud soberbia de los que construyeron ciudades para ser postales de Facebook y no para la vida de  la gente habrá  que  sacar un poco de fuerza ancestral para reforestar, reciclar y practicar una suerte de ecología intima y humana, que es algo así como dejar que crezca lo mejor de uno, porque ya hay suficiente polución. La mala onda ya está en las calles.

El listado de temas actuales producen un cierto desencanto pero por fortuna seguimos teniendo el arte que puede actuar como una especie de fuego liberador  y transformador. Por eso  en los próximos números del Buque de papel quisiéramos compartir las mejores partes de lo dicho en Zona Común, donde se hace el inventario de cosas entrañables.

Allí es posible encontrar desde la labor de Alejandra Borrero con su Casa Ensamble hasta los aportes conceptuales de un filósofo como Santiago Castro Gómez y una red importante que constituye una reserva de entusiasmo y ética.

Allí está: La propuesta de una ley del mecenazgo de Fernando Toledo; las reflexiones de Fabián Sanabria sobre el arte como producto de una industria cultural; La apuesta de María Claudia Parias por los festivales al parque como un ejemplo de democratización de la cultura; la invitación a tejer una red de ciudadanos culturalmente activos de la O.E.I; los esfuerzos por concretar unos logros más concretos en el campo de la formación artística de la Fundación Ámbar;

Además, el testimonio de gestores que han materializado proyectos artísticos como el espectáculo Delirio de Cali, la calle del arte o el teatro Varasanta, como ejemplos de emprendimiento cultural junto al análisis de temas como la identidad en  el contexto de la globalización. Esto y mucho más es el aporte que van dejando estas jornadas de Zona Común que esperamos compartirle a los lectores de Buque de Papel, junto con esta columna que preferiría ser una canción.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.