Edición 363

Avatar no es película de TNT: sucede en Colombia

PDFImprimirCorreo electrónico

Avatar no es película de TNT: sucede en ColombiaJames Cameron probablemente no ha visitado Colombia. Tal vez aquí en nuestro suelo multiétnico hemos visto caras hermosas como la de la protagonista humanoide de Pandora. La realidad se impone y sigue superando a la ficción de las acciones, los juegos de luces, efectos especiales y tercera dimensión.

Avatar es una palabra que en nuestro idioma designa una casualidad, un evento raro. En la película es una tribu, un pueblo que vive y cree que la naturaleza, el ambiente, los árboles y animales son su vida y su destino.

Cualquier colombiano que haya visto esta película se habrá sorprendido del espejo de la Operación Jaque y la sevicia de los taladores de montañas. Casi en detalle, con parlamentos, vegetación, armas, mentalidad destructiva y sistemática contra el Alma del Árbol aparecen en el celuloide, el ya más taquillero.
No había necesidad que en la ventanilla nos adicionaran al boleto las lentes para ver la grandiosidad de la tragedia que maquina el coronel con la metralla, los tanques y los supertucanos artillados. Todos los días estamos viendo pasar los cadáveres de árboles en dobletroques, oímos a generales y sargentos con su vozarrón dando parte de bombardeos en la selva y vemos horrorizados las tomas que muestra la TV de la devastación que hacen nuestros héroes con las balas y la fumigación.

Avatar no es película de TNT: sucede en ColombiaAvatar se constituye en la premonición de lo que puede acontecer a la humanidad si persiste en atentar contra los ríos, los árboles, la tierra que se horada para desenterrar a toda costa la riqueza que guarda dentro. Nosotros somos ese pueblo ingenuo que cree que el país que tenemos es fuente que nos alimenta a diario. Por encima de nosotros pasan cóndores, gaviotas, faisanes de cola de colores.

Frente a nosotros corre el jaguar, el zaino, el conejo, la guagua y el armadillo. No son seres fantásticos. Son de carne y hueso y de agua natural. Como la ballena blanca, el caracol, la tortuga, la jaiba y la tilapia. Como el Orinoco, el Amazonas el Magdalena que se están mermando en su caudal.

Quién iba a pensar que esta cinta iba a retratar lo que sucede en Irán, Irak, en África, en la India, y allí en donde son diezmados los indígenas porque son ajenos al pensamiento consumista, porque

respetan y aman su ecología nativa. La civilización occidental arrasa con las culturas aborígenes sin piedad, sin ninguna consideración noble. Esos dioses de la guerra desde sus puestos de mando ordenan la muerte, el destrozo sin pensar en la fauna, en la flora, en las reservas naturales y en las culturas milenarias.

Avatar será premiado por la música, por la dirección, por el guión, por la novedad de los personajes. Pero Avatar debería ser nominado porque trae un mensaje de paz de la tierra del pueblo de Pandora, que somos nosotros los inermes ciudadanos impotentes para librarnos del monstruo de la guerra creado por el ansia de poder de los gobiernos.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.