Edición 363

De silencios y báculos **

PDFImprimirCorreo electrónico

De silencios y báculosComo a Vargas Vila, no me gusta hablar de templos, oráculos, anillos y del cielo de iglesias y de cánones. Para eso, existe una cauda inmensa y obediente que sigue sus sombras. En Colombia existe una mediocre separación de poderes espirituales y políticos, que no debe ser visible. Es mejor que esté allá. Lejana de estos míseros mortales.

Pero me golpeó la atención que la inefable Conferencia Episcopal le recomendara a la opinión pública que no diera crédito a la segunda reelección sino que se fijara en los grandes problemas de Colombia. Que el avestruz sacara la cabeza de la arena. Tal vez, en lo que va del Gobierno de la seguridad democrática, la Jerarquía no abría su abanico para ventilar la casa. Parecería que le gustara todo lo que sucede. El que calla otorga, porque la situación no lo atropella. Y la recomendación tampoco es muy explícita en su alcance.

Sospechosa conducta esta de andar callados los señores, representantes de la verdad y la honestidad en la tierra. Dejaron que su tarea la ejecute el presidente de la patria. En sus consejos comunales, o asambleas de fieles, los puso a rezar, rosario en mano, y repartió indulgencias por medio de los bancos y en filas infernales. Eso sí, ha pasado el sombrero para recoger la limosna del voto para su reelección. Esa sagrada costumbre no la ha pasado por alto.

De silencios y báculosEntre tanto, las tiaras descansaron en los canceles y la palabra calló o se oyó en voz baja en los sermones. Nadie supo de la Iglesia. Sólo hubo algunos encargos para negociar con las Farc, con avión y Cruz Roja en la mesa y viáticos oficiales. La tal separación de Iglesia y Estado ha sido interpretada a la maravilla. El clero ha dejado en manos del jefe del estado la doctrina de derecha – que no la vea la izquierda - y de vez en cuando levanta el báculo para saludar a la bandera.

El silencio de los cementerios, el silencio de la muerte, el silencio en los juicios sumarios de los falsos positivos han sido el común denominador de los prelados. La pobreza de más de la mitad de la patria, el desempleo, el enriquecimiento sin límite de los banqueros, la ausencia de industria nacional, la falta de seguridad social, la inequidad de los hermanos, el desplazamiento forzado, no pesa en la agenda espiritual pues el gobierno para eso no llama a la Iglesia, pues son asuntos mundanos.

De silencios y báculosAh, falta que nos hace un dom Helder Cámara, o un Leonardo Boff como en Brasil (creador de la teología de la liberación y excomulgado por la iglesia), que hablen de liberación de esta esclavitud a plazos y disfrazada de los empleadores y las cooperativas de trabajo.

Ah, falta que nos hacen profetas como el poeta aserrado Isaías o Miqueas o Amós, obispos y curas que salgan como los de Golconda a la ciudad a marchar junto a los desposeídos del Reino y a ponerle Sal a la tierra. O que entren a los templos y palacios donde se guarda en tabernáculos el dios Oro y saquen a los corruptos y mercaderes de los bienes públicos a latigazos.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.

**Ver: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-867559