Edición 363

Un postre llamado Villón

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Un postre llamado VillónNo acostumbro el postre después del desayuno, pero esta mañana me topé a Francois Montcorbier, apellidado Villón, sentado a horcajadas sobre el estante de un librero callejero. Y no pude menos de parar mi camino y hacerle el honor al saludable vendedor de libros usados.

 Había leído en mis clases de literatura a este muchachón andariego del siglo XV, pero, al encontrármelo a bocajarro en la calle tuve el gusto de gozar su poesía festiva y desfachatada. Fue como aguja al dedal para esta época de elecciones.

Me encantó “Balada de los señores de antaño”. Conversé con él largo rato y le pedí permiso para parafrasearlo. Obvio que el rudo Villón, famoso por su enorme “Testamento” escrito mientras esperaba ir a la horca, no se negó a mi pedido.

Comenzaré con la consabida cantaleta del narrador de fútbol Mariano Closs. “Señoras y señores”, ¿dónde está el buen señor que prometía acabar con las Farc, dónde el fanfarrón que prometía seguridad, donde reposa ahora el consentido jefe que chuzaba a mansalva y sobre seguro; dónde el buenote de Pablo que regalaba casas y regaba polvo en la mesa, dónde los alegres mozos que andaban con modelos y reinas entre perfumes y ron?; ¿Dónde está el sonriente ministro que acabó con su ministerio de trabajo?

¿Dónde están los rubicundos muchachos que votaron sin los requisitos, dónde están los acuciosos emisarios que firmaron en Ralito, dónde los que prometían al pueblo salud, empleo, dónde los que ganan 22 pequeños millones por no hacer nada, como la pobre viejecita, mientras la nación se acaba?

Un postre llamado Villón¿Dónde está el que ofrece que coman callados mientras a él lo dejen comer? ¿Dónde está el 85% en las encuestas que daba por bien hecho todo lo que ocurría tras bambalinas, dónde está la plata, señores, de las caletas de Cali, dónde están los señores de los consorcios “temporales” que reciben la plata y dejan las obras tiradas, donde están los señores que ordenan talar árboles centenarios y los cambian por limoneros? ¿Dónde están los que conceden permisos para explotar minas y tumbar montañas al río?

¿Dónde están los sindicalistas que se sientan a manteles y nunca consiguen favorecer al que siempre le recortan el salario, dónde está, señores, el comandante que ordena amarrar con alambradas a los pobres secuestrados, dónde están los empresarios colombianos que vendieron su herencia y se llevaron la plata, dónde están los egresados de universidades que gastaron millonadas en carreras sin futuro, dónde están los ingenieros que no construyen sino oficinas de bancos, de EPS y… los pueblos abandonados?

Y, por fin, ¿dónde estarán mañana, los valientes jefes de campaña, los promotores del referendo, los tercos votantes fuera de tiempo, las cuadrillas del torero que ayudaban a hacer decretos, los promeseros de siempre, dónde estarán los ingenuos y crédulos que olvidaron la escena de Esaú que vendió su alma a un político por un postre de lentejas de Familias en Acción con larga cola en el banco?

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