Edición 359

Candidatos sin programas

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Candidatos sin programasEn estos días la TV y la prensa escrita y aún los blogs de Internet se han ocupado mucho de especular sobre quién pasará la primera vuelta en la disputa por la presidencia.

Por fortuna se acabó la polarización del país a raíz de la inexequibilidad del referendo trirreeleccionista. Se ha moderado la propaganda de la tal seguridad democrática y la gente se pregunta para dónde girará la veleta y quién tiene más corta la cola.

La opinión se ha vuelto “light”. Parece no importarle la calidad de las ofertas que debe mostrar la campaña, sino con quién se alinderarán las facciones y desde qué “trincheras” lucharán por el poder los candidatos. Cosa grave ésta. Está en juego el futuro de la nación que ha quedado desmantelada de valores, cansada de tanto rifirrafe entre tucanos, tanques y botas y farc y eln. El pueblo fue el juguete del gobierno. Estaba entre los dos fuegos y juegos. Mientras ellos hacían su “negocio” el pueblo quedaba sin empleo, sin seguridad, sin salud, sin infraestructura, con corrupción, paras y narcotráfico en las calles.

Cada candidato en estos días tiene guardada en la manga sus propósitos y sus planes para el día de mañana. En el debate de RCN y Semana algo sacaron a flote las preguntas de los periodistas y expertos. Que volverán a establecerse los ministerios de salud, trabajo, de justicia. Que se reconsiderará la legislación del trabajo. Que lucharán contra la corrupción. Puras etiquetas, eslogan, lemas, promesas, sacadas como de una bolsa de magos o rifas baratas un domingo en un colegio de monjas.

El país ha tocado fondo con la dosis de manipulación de estos últimos ocho años. Lo que menos esperamos son promesas y voces de sirenas disfrazadas. Queremos compromisos, no candilejas rojas ni llamaradas dulzarronas. Necesitamos, como Tomás el incrédulo, palpar, masticar, poner en la balanza las propuestas, los planes macros, los esquemas programáticos para evaluar y comparar. Deseamos transparencia, claridad sobre la mesa. Necesitamos honestidad en el debate sin especulaciones y malabarismos académicos.

Que no nos escamoteen la verdad de lo que piensan, como culebreros en un rincón oscuro. Que nos digan si van a prolongar la guerra, si es un Estado guerrerista el menú que nos tienen preparado. Que nos digan si les interesa el trabajador y su familia, o si le van a hacer conejo al sudor de sus axilas con dentelladas a su salario. Que nos digan si les interesa la espera del campesino a que, por fin, le den asesoría e instrumentos para mejorar su parcela y su calidad de vida. Que nos digan si prefieren los productos del extranjero con TLC leoninos o la industria y la eficiencia del productor de nuestra tierra. Que nos digan si Colombia está en venta para que vengan más extranjeros a colonizar y aprovechar las pocas empresas y minas y riquezas que nos quedan.

Esperamos una economía sana que dé oportunidad a la industria y creatividad del colombiano y esperanzas a las familias nuevas que ven que sus jóvenes tienen un porvenir incierto. No queremos que sobrevivan los odiosos y pauperizantes subsidios que hunden a quienes los reciben en la inactividad y el vasallaje indigno.

Necesitamos una seguridad para  que el pobre salga de pobre y el empleado produzca con alegría. Y eso no lo dan las armas. Queremos a una Colombia libre y autosuficiente, no dependiente de mercados emergentes. Estamos en un mundo global y tenemos tierras, mano de obra, ilusiones y talento para competir sin arrodillarnos ante nadie.

Necesitamos un gobernante que no crea, como Santander o como Chávez, que las armas darán prosperidad y seguridad. Más bien, que se comprometa a sacar esas fuerzas que yacen en cada colombiano para producir y potenciar lo que tenemos. Como hicieron los tigres asiáticos y China que salieron de la miseria y son líderes en la exportación y la economía. Hoy andan con la frente en alto por calles y mercados ofreciendo sus carros, celulares, radios, tecnología y muchas baratijas.

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.