Edición 354

Un ser identificado con cronopios

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Cubierta del libro la dama del guante verde y textos de otros colores

Cubierta del libro la dama del guante verde y textos de otros colores

Ignacio Ramírez 19/12/07. “Ahora soy un feliz fantasma y ahora sé que la muerte es vida disfrazada de tiempo escurridizo... y me las doy de muerto”...

Murió de un cáncer del páncreas que acababa de despertársele. No se dejó visitar ni para enterrarlo. La crónica de esa muerte puede leerse en el libro Los fantasmas felices, escribió Jota Mario Arbeláez.

A Ignacio Ramírez me lo presentó el poeta Antonio Correa que lo conocía de antes dijo Omar Ortiz ese mismo día. Sabremos que Cronopios fue el mejor medio cultural. ¿Quién podrá reemplazarte? Con toda seguridad, la experiencia y tu gusto no lo vamos a encontrar en el recodo, lo dije y lo sigo sosteniendo.

Mientras esperaba el taxi en la carrera 15, abrí su libro La dama del guante verde que llevaba en mis manos y en medio de la penumbra de aquella noche logré leer su dedicatoria: para JBG, hermano en la palabra y amigo, dijo Jorge Bustamante García.

En nuestro correo no hicimos sino… registrar acontecimientos culturales, estimular publicaciones,… dejar constancia del abandono consuetudinario a los hombres de palabra o asombrarse con ellos por permanecer vigilantes con su vocación indómita, dijo Carlos Orlando Pardo.

Nacho encarnaba a aquel cronopio que conoció a una tortuga enamorada de la velocidad... Fue terco aliado de escritores y artistas colombianos, y en CRONOPIOS, su diario virtual, nos dio la oportunidad de emocionarnos trazando golondrinas en nuestros caparazones, escribió Lina María Pérez, quien lo mimó con su ternura en su lenta cama de tortura.

Eso era Ignacio para quienes gozamos de estar en su llavero. Su generosidad la conocimos todos, algunos no lo conocimos en persona. Unos, solitarios monjes en el eremo de las letras, otros, privilegiados ociosos que no sabemos otra cosa que jugar ajedrez con las palabras tuvimos la fortuna de aparecer entre sus fantasmas.

No sé a quién corresponda pedirle que conserve a Ignacio Ramírez en el ejercicio de la palabra, si a Yavé, a Jehová, a Buziraco, a Buda, a Zoroastro o a Yemayá, pero para curarme en salud, les pido a todos ellos que conserven la voz y el talento y el talante y la generosidad de Nacho por otros cincuenta años que, sumados, no son cien años de soledad, finalizó sus recuerdos Juan Manuel Roca aquel luctuoso día.

Adoptó el nombre cortaziano de Cronopios para sí y para su Revista para hombres y mujeres de palabra, sin pensar en fama ni esperanzas ajenas y se puso al servicio de libros, viajes, utopías y cineastas, pintores y escritores.

Desafió al tiempo y a la enfermedad para convivir con sus amigos y sus cuentos. ¿A qué horas trabajaba? ¿Cuántos textos le llegaban? ¿Cómo manejaba las 50.000 y más suscripciones que alimentaba?, ¿Cuánto tiempo demoraba buscando la imagen adecuada para encabezar el texto que escogía? ¿Cuántas horas le demoraba enviar los mails de su revista de ribete rojo a sus abonados? Eso no lo pensó él. Porque su pasión y vocación era acariciar los textos cuando encendía su máquina y, como un niño, hacer volar palabras por el plasma.

Citas y foto en NTC de Gabriel Ruiz Arbeláez, ignacioramirez-cronopio.blogspot.com

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