Edición 359

Alimenta y conoce tu espíritu

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Alimenta y conoce tu espíritu Existen múltiples dietas de todo tipo y miles de ejercicios para mantener nuestro cuerpo en forma. Esto es muy importante, ya que si el cuerpo se encuentra bien, nuestra mente probablemente también lo estará, y viceversa.

Pero, aparte del cuerpo y la mente debemos también alimentar nuestro espíritu, ya que a través de su crecimiento, lograremos encontrar la alegría desbordante en todo lo que hacemos, disfrutando a plenitud cada instante y encontrando el amor en todo lo que nos rodea. Esto nos hará crecer, trascender y dejar huella.

Por eso, te invito a que realices el siguiente ejercicio, el cual purificará tu cuerpo de toxinas, desarrollará tu fuerza de voluntad, la cual será la herramienta más útil para trabajar tu mente y tus pensamientos y fortalecerá tu espíritu, logrando una armonía entre cuerpo, mente y espíritu. Este ejercicio también te dará la oportunidad de despertar consciencia y adquirir el hábito de la auto-observación, logrando conocerte realmente.

El ejercicio consiste en realizar un ayuno durante un día (24 horas), tomando solamente agua. Cuando tomes la decisión de hacerlo, la noche anterior come poco y despacio, y al despertar al día siguiente bebe un vaso de agua lentamente, notando cómo ella desciende hasta tu estómago y sintiendo cómo se empieza a purificar tu cuerpo. Desde que comiences el ejercicio debes observar con atención, esa vocecita interior que te va a comenzar a hablar diciéndote que no continúes, que ese ejercicio es muy difícil.

Alimenta y conoce tu espíritu Esta vocecita será tu principal obstáculo para poder realizar con éxito todo el ejercicio. La voz de la que te hablo es esa, que probablemente cuando tomes la decisión de hacer el ejercicio y te vayas a levantar en la mañana te diga: “Tú estás bien, tienes una gran fuerza de voluntad, no necesitas hacer este ejercicio, mejor quédate acostada”. Si esto sucede, reemplaza inmediatamente estos pensamientos por afirmaciones y pensamientos positivos, y continúa con el ejercicio.

El día del ayuno, levántate una hora más temprano de lo que sueles levantarte y prepara un desayuno que compartirás con alguien que esté en la calle: un niño, un mendigo, un anciano o el vigilante de tu cuadra o del conjunto cerrado donde vivas. La primera fase es, además de compartir tu tiempo y el desayuno con esa persona, aprender a escuchar sin juzgar, ya que cuando lo haces, desciendes al corazón de ese ser humano y lo puedes inspirar para que  cambie.

Probablemente después de un rato de llevar haciendo el ayuno, tu vocecita interior te dirá que estás cansada, débil y te duele la cabeza; pero no la escuches, ya que simplemente es tu ego buscando aprobación, ya que él no quiere perder el control sobre tu vida. Así, continúa haciendo el mismo ejercicio a la hora del almuerzo y la cena, y el desayuno del próximo día, ya que el día tiene 24 horas.

Después de realizar el ayuno, podrás por primera vez, comenzar en realidad a escuchar a aquella vocecita que ha estado contigo acompañándote siempre y que por escucharla de manera inconsciente, te ha llevado a estados de tristeza y depresión.

Alimenta y conoce tu espíritu Cuando gracias a la auto-observación, comienzas a reemplazar pensamientos negativos por positivos, inmediatamente tus sentimientos también serán positivos, lo que incrementará nuestra fuerza y bienestar, dándonos  plenitud de vida, alegría, esperanza y llevándonos así a un nivel de consciencia superior, donde reinan la paz interior, el amor y la armonía.

Por último, recuerda que nunca  podrás controlar, ni manejar aquello de lo que no eres consciente, pero si en cambio, a través de la auto-observación llegas a ser plenamente consciente, podrás controlar, cambiar y manejar aquello que te hace sufrir y te limita. En ese momento te darás cuenta que los sentimientos están dentro de ti y no en el exterior, y que tu puedes cambiar todo lo que está dentro de ti y no desgastarte por la realidad exterior, ni los hechos, ni las personas a tu alrededor, porque no las puedes cambiar, y si en cambio te desgastas y pierdes toda tu energía.

Y recuerda… Nunca, nunca jamás dejes de soñar.

Un gran abrazote…

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.