Edición 363

¿En dónde están los bancos y sus ganancias?

PDFImprimirCorreo electrónico

Solo un gallo/rey de Serrallo/el gallo del corral/Rival no admite...

Solo un gallo/rey de Serrallo/el gallo del corral/Rival no admite...

Mientras DMG y sus directivos descansan de su febril trabajo en medio de cuatro metros cuadrados, hay millones de damnificados que estaban bajo su fronda de ofertas y utilidades.

La bonanza de las tarjetas y el abonado engranaje de sus negocios fluían como río dorado por los pueblos y ciudades. El policía, el agricultor, el maestro de obra y el ingeniero, el senador y el fiel burócrata pusieron su manojito de pesos a cosechar en menos tiempo que una coneja o que doña ratona.

¿Cuándo Midas había soñado que si tocaba el fondo de los bolsillos iba a sacar millones de dólares e iba en montar en lanchas, a volar en un murciélago de Lamborghini, se iba a ensanchar por continentes y hasta iba a comprar a CNN?

Guardó muy bien su perfil bajo su cola de pelo y su cara de joven, y su secreto de fábrica en arcas privadas, y no los puso en manos de desconfiables bancos. Ahí estuvo su talón de Aquiles.

No fue por tener dos contabilidades, ni por no pagar impuestos, ni por no estar inscrito legalmente, ni por andar en fiestas con mil mujeres, ni por haber comprado sus cuatrimotos o alquilar hoteles de seis estrrellas, ni por matar con bates a sus infieles, como se aprende en las películas de Al Capone y el Al Pacino. No. Fue por haber robado el secreto de cómo acumular riqueza y repartir las utilidades con sus ahijados fidelizados.

A DMG y a David Murcia los judicializaron – como dicen los sargentos-, por haber hecho competencia desleal con quienes captan legalmente los dineros en sus libros de siete sellos. El gobierno ha salido al quite de este gallo que salió alegre al chiquero. Y tuvo que declarar en quiebra al Estado y crear nuevas figuras jurídicas para frenar tamaña osadía de ofrecer el oro y el moro.

Pero, los banqueros también andan en autos blindados y tienen su secreto bien guardado. Ahora permanecen con la boca bien cerrada y a sus clientes los mantienen amarrados a sus cuentas. Pareciera que ellos no tienen velas en este encierro que dejó tantos dolientes. No. Ellos son ajenos espectadores de esta grande desventura que también deja familias sin casa y sin capital ni intereses.

El caos de millones de colombianos nada tiene que ver con un dinero bien manejado. Parece que las ganancias se las estaba llevando otro gallo y no puede haber dos gallineros. ¿En dónde están los banqueros que no sueltan un centavo en esta calamidad?

Se fue, como el lobo del cuento, el superintendente financiero y con él las cuentas quedan saldadas. Con eso nadie desayuna ni compra. Nadie más asume el desgreño y una sutil connivencia. En el país ha hecho carrera olvidar que quien mal maneja su cartera tenga que repetir por el daño como lo mandan las leyes. El funcionario quedó sin puesto y mañana lo veremos en una embajada y sonriente, mientras a los defraudados los vemos llorar su pena y con su ropa en la calle.

¿Quién abogará por este pueblo tan ingenuo y maleable? ¿A cuál sociedad defienden el Procurador, el Defensor del Pueblo y para qué elegirá ese pueblo a los señores que ocupan el solio de los que representan su voto? Nadie se acuerda de la gente y todos aprietan a Gaitán y a Bolívar en su puño y en sus arcas.

Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significan el criterio editorial de El Buque de Papel.