Edición 353

Obama, saca a relucir tus ases

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El Presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama

Las primeras páginas y miradas a la esperanza de mejores días se asoman a medida que pasan las horas. Cada movimiento del rey en el complejo ajedrez despierta a los alfiles en sus torres y a los peones de brega. Los indiferentes y desconfiados han ido cambiando su cara de desafío ante la maestría del joven demócrata negro. Cada nombramiento, cada viaje, cada cambio de traje tiene un propósito bien definido. Las imágenes de moderación y respeto en la noche de su elección siguen como astros dominando la escena.

Los comentaristas no aciertan a sentenciar más que al nuevo presidente le ha correspondido gobernar en un período mundial muy complejo. Eso, si bien es cierto, es todavía un rescoldo de incredulidad en la capacidad de Barack Obama. Las consignas de esperanza que sembró en sus simpatizantes durante la campaña han ido tomando forma. El mundo político y económico dirige expectante sus ojos sobre esa figura que se ha tornado en referente de nuevas fórmulas para el futuro próximo de las naciones.

Ha empezado a delinear el gabinete que le asesorará y con el cual asumirá la tarea de enderezar el rumbo del caballo brioso que le dejó Bush atado en el palenque. Ha designado a Hilary Clinton en el delicado encargo de manejar los hilos de la política de Estado en sus relaciones con los demás países. Deja así el más alto cargo en manos de una mujer que ha demostrado tener un talante firme y que su falda no cederá a los vientos de huracanes ni tornados.

Los demás asesores han sido entresacados con lupa para garantizar que el escalpelo de la prensa y los detractores no encuentren malos antecedentes en su trayectoria. No obra como amigo incondicional ni como pago a favores proselitistas, sino como estadista responsable de una labor difícil y arriesgada.

Ha reafirmado su vocación civilista, no guerrera. Tiene un lenguaje trasparente, conciliador, incluyente y es amigo del diálogo democrático. Todos pensarían que agarraría el timón de un imperio para querer avasallar. Pero ha concentrado sus esfuerzos en mirar hacia adentro primero y arreglar la casa que ha encontrado desolada. No tiene ambiciones expansionistas ni busca amilanar a los vecinos ni cobrar cuentas a sangre y fuego. Obama sabe que es huésped en la Casa Blanca y que debe atender a quienes por él votaron y cifraron en él sus anhelos.

América Latina ha mirado al Norte como tabla salvadora. Colombia se ha arrodillado siempre ante el hombre rubio y de anglosajón acento. Debe entender que el gobierno de otro país no se acostará pensando en nuestras tristezas ni en nuestro secular abandono. Cada Estado tiene su propio honor, dolor y su propia medicina y no debe confiar su Destino en manos extranjeras.

Obama llegó al poder con la misma sencillez que un camello del desierto. Ha ido despacio, habla con una lengua que todo mundo entiende y atravesará por entre los soles y tormentas sin que su pelaje cambie de vestido. Nada que ver con el león que ruge amenazante o con el lobo que busca las uvas verdes del país vecino. Sabe Obama que su raza viene de la esclavitud, el maltrato y el hambre y esas lacras tratará de erradicarlas de su pueblo y hasta donde su mano esperanzadora llegue.

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