Edición 359

Paras y Guerrilla piensan en la paz y la reconciliación en Colombia

PDFImprimirCorreo electrónico

Los niños de la guerra, este prisionero en Afganistan recibe la visita de su hijo

El Estado, ese concepto que algún rey prestado encarnó hace rato en Colombia, es sólo un señor que le da palmaditas en la espalda a todo el que se atreva a reclamar sus derechos.

Muchos de los agentes de ese Estado que participaron de la estrategia paramilitar van a pasar de agache. Se minimizan los hechos, diciendo que ahora sí se va a poner cuidado al tema de los derechos humanos, sin hacer pasar a los jóvenes de nuestros barrios populares por guerrilleros, y estimulando las desmovilizaciones. Pero no sólo eso; también el actual gobierno pretende librar al Estado de su responsabilidad con la victimas, estableciendo más bien una relación de solidaridad.

Ante esa realidad, las iniciativas por la paz de los grupos irregulares desmovilizados adquieren valor, porque tanto la guerrilla y los paramilitares siguen ocupando el espacio donde el Estado es débil y allí están atrincheradas. Las iniciativas del gobierno tienen sus escuderos por todos lados. Por eso, en un escenario en el que todos nos preguntamos qué podemos hacer para fortalecerlo, quienes lo han reemplazado, si están pensando en la paz, son bienvenidos con sus propuestas.

Desde orillas opuestas Alfonso Cano, líder de la guerrilla colombiana invita a un correo permanente con los intelectuales del mundo, y el Premio Nobel de paz, Adolfo Pérez Esquivel, lo valora. Y el ex comandante Miguel Ángel Mejía, del Bloque vencedores de Arauca, desarrolla un proyecto integral de reparación a las víctimas que ha nombrado Pido perdón. Hacer la guerra puede ser una tarea digna pero sólo si se descubre al enemigo en toda su dimensión. Las guerras en Colombia han sido alimentadas, además, por los prejuicios, odios ancestrales, la ignorancia, sed de venganza y el enemigo hay que acabarlo como sea, a través de una sistemática propaganda que sólo los ve como terroristas.

Que la guerrilla esté interesada en recuperar un canal de comunicación con personas que no legitiman la acción armada, pero que saben que algo hay que hacer para pagar la deuda social que tiene este Estado con muchas personas; además, que este ejercicio pueda devolverle a esta anquilosada guerrilla alguna inspiración política y le abran camino a su integración a la sociedad desde espacios políticos, es mejor que tener a comandantes pensando en traquetear, hacer tomas y secuestros.

La decisión del ex paramilitar Miguel Ángel Mejía de hacer público su perdón a través de un documento que fue publicado por el periódico El Tiempo, en donde confirma una vez más, cómo se gestó la estrategia paramilitar y que aparece en: www.pidoperdon.org, es acompañado de una entrega de recursos para el desarrollo de varios proyectos de reparación integral de las víctimas. Entre los que se cuenta realizar brigadas psicológicas y dotar a Arauca de espacios de encuentro y reflexión a través de unas filmotecas, demuestra que del lado de los desmovilizados también hay gestos decididos en favor de la reconciliación.

La gran paradoja que va apareciendo en Colombia es la de todas las guerras que los enemigos se van pareciendo y descubriendo en su hastío de la guerra y su anhelo tímido o real de crear canales con la sociedad

¿Cómo abrir otras puertas para la paz de Colombia?, vuelve a ser la pregunta.

Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significan el criterio editorial de El Buque de Papel.