Edición 371

Patria sin etnocentrismo

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Patria sin etnocentrismoLa vida brinda a cada paso premios y sorpresas, colma la existencia de satisfacciones y permite salir del minúsculo círculo en que vivimos y reflexionemos sobre lo que sucede alrededor de este punto del universo que es la nación donde vivimos.

Haber trabajado como educador, haber estudiado y dialogado con dificultades y conflictos, con los sucesos diarios, con la riqueza indudable que nos rodea, es la fuente que hace que hoy pueda decir con alguna lucidez sobre el placer que es viajar para conocer, disfrutar y comparar lo que uno tiene con lo que encuentra en otras regiones. No puede uno andar diciendo que la propia patria es lo mejor que hay en el mundo y que fuera de ella lo demás está por debajo o no vale la pena. 

Colombia tiene mar al occidente y por el norte, calientes a toda hora, para disfrutar hundiendo el cuerpo bajo sus aguas. Tiene miles de kilómetros de selvas, llanos sin horizontes, paisajes innumerables, climas de todas las temperaturas durante el año, fuentes de agua en todas sus comarcas, comidas suculentas de frutos de la tierra y del vientre de las aguas, ciudades pujantes, campos fértiles, costumbres y folclor vivos, gentes alegres, emprendedoras. Tiene toda la Naturaleza entera a su servicio. Sin, embargo, esto no quiere decir que  Colombia sea el paraíso que pudiera ser con estas bondades señaladas.

Los ahorros y la disciplina que dan los años me han permitido salir a ver otras culturas de continentes y países. Durante casi un mes he peregrinado de la mano de mi amada por una parte de Europa. Ya había probado ese manjar que es pisar lugares que la geografía nos muestra en el mapa y que la historia nos dice que allí ocurrieron hechos famosos o que en esta o aquella ciudad nacieron personajes que dejaron su huella indeleble, para siempre.

Hace cuatro años viajé por parte de España, Francia, Italia, Austria y Alemania. Visitar, ya no con la palabra o el testimonio de otros o la fotografía o las imágenes que nos dan el cine o la TV, sino por los propios pies y ojos y experimentar rostros nuevos, acentos, sabores, vestidos, costumbres, es casi una fantasía. Es como hacer realidad un sueño. Porque desde niño, - tal vez de la mayoría de niños – todos ambicionamos ir a aquellos territorios donde existieron los primeros seres, donde nació la cultura, la escritura, la rueda, el pensamiento, la guerra y los demás utensilios de que se ha servido el hombre para sobrevivir.

Ahora, con mayor conciencia y reposo hemos viajado, - ella conmigo y yo con ella – por otra parte de España, por algo de Portugal, por Bélgica, Holanda y de nuevo por París. Cansamos nuestros pies y nuestros cuerpos recorriendo por cuatro días a Madrid, su Museo de la Reina Sofía con obras maestras de Picasso – Guernica - y de Dalí, la Calle de Atocha con su comercio, la Gran Vía, la Plaza Puerta del Sol con sus cafeterías y charcuterías, sus almacenes de frutos secos, vinos variados, aceite de oliva, ropas de temporada y de souvenir para regalos. Tomamos el metro más barato de Europa con siete líneas. Disfrutamos de la modernidad del aeropuerto de Barajas en donde hay espacio, limpieza, señalización, servicios de información a punto, tren interno, facilidad para transporte hacia el centro de la ciudad, no hay congestiones y las diligencias de inmigración y emigración son expeditas, no obstante el alto tráfico. El clima era ya frío en el ocaso del otoño, pero soportable para estos calentanos de la abrasante Cali.

Queda por hablar de otras ciudades y países. Madrid nos deja en el paladar del alma un sabor grato, de gentes amables, comidas diferentes, alojamiento al alcance de todos los bolsillos, vida no muy cara, espacios para el arte y el ocio. La noche antes de nuestra despedida al Continente, recibimos de una dama desconocida el premio de un concierto de abono con obras de Paganini y Malher con la Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión Española en el Teatro Monumental. Su esposo, cinco minutos antes del concierto, le llamó para decirle que no podría acompañarla y ella prefirió regalar las entradas y que las aprovechara la pareja que encontrara en la taquilla.

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