Edición 355

Leer es costumbre peligrosa

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Leer es costumbre peligrosaQuien cabalgó con una bacinilla en la cabeza y yelmo ceñido, lanza sin punta y con mucha fiebre en la cabeza fue un fantasioso que antes era cuerdo. Ocurre que leyó demasiadas novelas de caballería, de damiselas frívolas, patanes con espuelas y escenas truculentas. Y… se le resecó el cerebro con todas las neuronas. Pasaba las noches ante el televisor y había libros regados por todo el apartamento. Sus ojeras casi llegaban hasta la nuca de leer y ver tanto refrito.

Leer, pues, es peligroso. Puede caer uno entre un muladar si emprende el camino de un libro amarillento y lleno de crápula, o llenarse de delirios y hologramas que causen escalofríos y sobresaltos. Puede caer uno en un sopor por el hedor que despidan sus mensajes o quedar seco, de repente, porque se atragantan indigestos en el fondo del gaznate.

También puede suceder que alguien tome, descuidado, un libro de filosofía y quede turulato porque es tan alta la sabiduría que parece poesía cifrada, alambicada y retorcida. O, quizás caiga en sus manos El Quijote o Cien Años de Soledad, o Veinte poemas de amor y una canción desesperada o Las mil noches y una noche y quede usted con sed hasta la muerte.

Leer es costumbre peligrosaSí. Razón tenía Cervantes cuando sentenció en un entremés que leer es aventura peligrosa*. Uno puede quedar tocado. La palabra puede ser puñal de Toledo, pócima sagrada, cómplice de juegos, sable de engaños, Circe sin isla y sin encantos. Puede quedar tocado para seguir leyendo y entrar en nuevos mundos. Una lectura puede ser el paso que el gato Cheshire le invitó a dar a Alicia ante una infinidad de posibilidades en su búsqueda. Un libro, de poemas, de novela, de ensayo o de cuentos, puede ser el pañuelo que el plagiado dejó como señal de vida y de esperanza y usted lo halla, afortunado. 

Leer es costumbre peligrosaPuede ser peligroso porque si llega a encontrar la región o el paraíso deseado allí se quedará y de allí ya nadie lo extraerá. Peligroso, si usted no se devuelve del viaje que inicia con Julio Verne o con Eco, con Pessoa, Sienkievicz, Benedetti o Saramago. Tal vez lo encontrarán su esposa, sus hijos, sus amigos y el vulgo lo perderá para siempre. Lo sorprenderán en medio de un desierto con beduinos y camellos o en el pueblo llamado Comala o Balandú con sus señoritas o Macondo con su Remedios o volando en un globo, o en el cubículo donde cuenta su última historia Sheherezada al sultán Shariar. 

Leer es costumbre peligrosaPuede ser peligroso. Porque saldrá usted de la medianía y la insipidez. Los libros contienen unos veneno, como Romeo y Julieta, otros almíbar, otros picardía y sorna, otros arideces. Algunos le provocarán vómito o sueño, otros una sed que lo devorará y no cesará hasta que lo termine. Algunos como el de Hawking le harán repensar el universo y lo mirará usted después de otra manera. O lo harán suspirar como María y Efraín en la Hacienda El Paraíso. 

“Nadie regresa el mismo después del viaje. Nadie regresa el mismo después del sueño. Nadie regresa el mismo después del verso. Nadie regresa el mismo después de verse” – dice Marga López –. Usted habrá cambiado después de leer un libro.

* http://cervantes.uah.es/teatro/Entremes/entre_3.html

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