Edición 359

Saludo de viejo marinero

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Saludo de viejo marinero Abrazo literario de nuestro corresponsal y colaborador del occidente colombiano, que nos hace reflexionar sobre este quehacer diario periodístico y la realidad nacional: la corrupción.

Hola, Capitán: salud. Qué bueno que se fue con Verne a dar una vuelta que dura 80 días. Por lo menos fue tan larga la travesía que casi me vuelvo loco esperando que regresara con abalorios y sorpresas. La sorpresa es que estás vivo.

Por allá debiste verificar que Atlas sigue gritando como su técnico a la cancha, que River está bien de Salud, que Vélez tiene a Gareca feliz y que Falcioni no convence en Boca con Erviti. Volviste y Colombia está un poco cambiada.

Un poco, aunque se han descubierto todos los huecos donde entraron las ratas en los pasados ocho años, y nos damos cuenta que solo entraron ratoncitos. Las ratas madres y padres mandaron a sus hijitos y ellos se quedaron rezando rosario afuera, esperando el quesito, la panelita y el chicharroncito. Ellos gozan de buena salud, como cualquier jeque o sibarita.

Ocho años fueron un soplo de la vida, como cantó Gardel. No lograron los ratones de Hämmelin acabar con el pueblo, sus minas oro y el carbón.

Pero ahorramos en ese época tan floreciente. Es que somos “taincoentes” que dejamos ese lujo a Sarmiento Angulo, al gran benbefactor Ardila Lulle y a la banca de España. Se acabó la gran industria colombiana, como Bavaria y Avianca. Claro que ahora ha bajado el costo de vida y la inflación. La inflación solo la sienten en su estómago nuestros gordos padres la patria. Lo que se gana un alto trabajador en un chuzo de una esquina le alcanza para sobrevivir.

La salud está muy bien. Tanto así que el Ministerio de Protección regaló a las EPS lo que era para los medicamentos y tratamientos que no estaban en el POS.

Ahora el invierno ha dejado ver la debilidad de nuestros bosques, y las malas carreteras que dañaron las tractomulas. A ellos solo les interesan los fletes.

Los puentes se cayeron, pues ahora ya nuestros ingenieros se volvieron como los tigres asiáticos. Todo es desechable. La calidad y la duración no son rentables.

Las nuevas carreteras al mes ya quedan con media banca en el abismo. Más trabaja un topo en un túnel que nuestros famosos contratistas temporales. Ya no hay concesionarios con palmarés importante. Si son amigos del ministro o el alcalde se adjudica el contrato y... eche p´alante, mijito. No sea bobo que aquí todos comen callados, aunque sea mala educación en mesa elegante.

Saludo de viejo marinero Te cuento que Colombia es rica. Hasta para los extranjeros. Pues ellos serán bienvenidos y no pagarán impuestos. Ellos han sido nombrados como excelentes clientes, pues llegan a invertir en Colombia. Véanlos en Santurbán, en Chocó, en Cerrejón, haciendo patria por nosotros en las reservas y en los ríos buscando oro y petróleo. O aunque sea abriendo huecos en la sabana para cosechar recebo y cascajo.

Saben que aquí el obrero es barato y no discute. ¿Quién discute si los empleos ya los da una secretaria de una Cooperativa y no se ve ni de lejos el trabajador jamás con el dueño de la Empresa?

Si no me cree, Capitán, de este buque fantasma y de papel, vaya a una empresa de esas que llamaban antes bolsas de empleo, intermediarias entre el obrero y el gran empresario y le pagarán si acaso el mínimo aunque usted, lo sé, es un profesional graduado en universidad.

No crea, entonces, después de este cuento, que Colombia está mal. JUanma nos ofreció el reino de la gran Prosperidad Democrática. Afortunados de nosotros que se  acabó el rosario de mentiras que se rezaba en la época de la Seguridad Democrática. Ahora ya no se reza y estamos mejor. Casi todos los empleados de segunda están acusados y algunos en la cárcel. Pero como Garavito, antes de que el gallo cante tres veces ya estarán afuera por el sabio "principio" de la oportunidad que idearon en el Congreso admirable.

Luego le contaré otras cositas que pasaron durante su largo viaje alrededor del mundo, como Cantinflas.

Un abrazo…

*Los pensamientos, opiniones y expresiones de los columnistas son libres y no influyen, condicionan o significa el criterio editorial de Buque de Papel.