Edición 374

No todo lo oral es hablar

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No todo lo oral es hablarEs gracioso como ver que a pesar de que las masas se ven movidas por esa líbido que describía Freud en algún momento del psicoanálisis, pocos son los que disfrutan el sexo como tal,  y más pocos aún los que ven el tema de esta columna como un “plus” a ese arte del coito, único y solo capaz de proporcionarnos sensaciones únicas: el sexo oral.

El sexo oral es más que besar  penes o vaginas hasta el cansancio; no, consiste en causar un estado de shock en la pareja de tal forma que no puede reaccionar de otra forma sino haciendo caras de placer y  expulsando  gemidos ahogados en el silencio de la intimidad. 

Aunque ¿es mejor hacerlo o que se lo hagan a uno? Depende, en la encuesta realizada para esta columna muchas mujeres coincidieron con hacerlo, pues para ellas es satisfactorio ver que su pareja goza,  mientras ellas, encarnizadas, sienten cómo lentamente cualquier indicio de racionalidad se pierde en el deseo. Por  otro lado, los hombres en su mayoría contestaron “las dos cosas” mostrando que les gusta dar placer y recibirlo al mismo tiempo, sin embargo, eso es algo netamente subjetivo: las parejas y la confianza en el acto, son las que establecen si hay que hacer, dejar hacer, o que ambos tomen roles.

No todo lo oral es hablarComenzar con una intensa sesión de sexo oral es algo bastante bueno, aumenta la estimulación y calienta las cosas para que el coito como tal sea mejor, pero no nos podemos quedar con el cliché de que siempre se comienza y se termina; en la sexualidad hay que ser creativos y lentamente acompañado de la experiencia cumplir las fantasías que se nos vienen a la cabeza.

Por ejemplo, un buen polvo, intercalado con sesiones de oral, da la impresión de que dura más y de que se goza más, por la misma sensación de que se hacen varias cosas, se comienza a disfrutar más.

El sexo oral, como tal debe ser considerado como una ayuda, como una forma de vivir diferente, como un placer que puede cambiar las cosas, o comenzarlas, o simplemente hacerlas sin nada más, implica que la pareja sepa cómo se hace (porque no falta el/la primerizo/a, que se le va el diente).

Hay algunos momentos en los que esta divertida modalidad permite que nos perdamos en el saboreo de los órganos de la pareja, y que simplemente caigamos en una adicción al sentir el calor de sus entrepiernas, mientras el otro goza de lo lindo rozando las nubes al ritmo que nuestras bocas dictan.

No todo lo oral es hablarSin embargo, insisto, hay que diversificarlo y saber cuándo se puede hacer y cuando no. Por ejemplo, ese famoso video xxx de Pamela Anderson que  mostraba a la ex Playboy, dándole un buen “blow job” a Tommy Lee, deja volar la imaginación de los pobres mortales que vieron (o compraron) el video por internet. Y es que, si hay mucho tráfico (y más en una ciudad como Bogotá, donde quiera que haya cemento hay trancón)  es una buena alternativa para no odiar a Samuel Moreno y a los Nule, pero también hay que tener cuidado con las audiencias, porque no falta el bus del colegio que pasa al lado, justo en ese momento.

Es delicioso y absolutamente placentero, es un regalo que el dios Eros nos trajo a la pervertida mente de los humanos,  es sentir cómo lentamente palpita el otro con nuestra boca, es un buen aperitivo y un buen postre, es inigualable: es el perfecto sexo oral.

*Nombre del dueño del Moulin Rouge, en la película de Baz Luhrman, protagonizada por Nicole Kidman y Ewan McGregor, en 2001. Seudónimo utilizado por el autor de la columna, estudiante de la Escuela de Comunicación de la Universidad Sergio Arboleda.