Edición 353

Voceadores

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María trabaja hace 30 años vendiendo periodicos en la localidad de kennedy

Gracias a las gargantas profundas de los voceadores de periódicos muchos nos enterábamos de lo que pasaba en la aldea global. Leíamos con los oídos.

Pavarottis madrugadores de hoy y de siempre, los voceadores de prensa llevan aceitadas y ruidosas rotativas en el sitio donde el resto de los morales usualmente lucimos la manzana de Adán, en recuerdo del feliz desliz de Eva.

Los voceadores de antes se convertían en auténticos boxeadores que peleaban a grito partido la venta del diario. Resumían tan certeramente las grandes noticias que muchos transeúntes se declaraban suficientemente ilustrados y se abstenían de comprar el diario.

Estos fugaces lectores que no pagan por leer también se dan silvestres hoy para migraña y estrés de los gerentes. Son aquellos que leen (leemos) gratis el periódico que cuelga en los puestos de revistas o en las góndolas de los supermercados.

Integrantes de la familia Miranda, leen y se van, como esos jugadores de importación que tocaban el balón y se iban. El nuestro es un país que lee… titulares.

Los voceadores son evangelistas a quienes les toca llevar la buena y sobre todo la mala nueva de lo que va pasando en la descuadernada aldea global, convertida en un pañuelo por cortesía de Internet, mujer fatal de la cibernética.

Mientras haya mujer, habrá poesía. Mientras haya noticias, habrá voceadores. Más relajados, eso sí.

Las empresas públicas y privadas llevan agua, luz y teléfono a las casas. Los voceadores se encargan de entregarnos a nuestras propias barbas ese otro servicio público que es la historia en cuenta gotas.

Eso es un periódico que, en cada edición, conjuga y practica el verbo servir que tanto desvelaba al memorioso emperador Adriano.

Muchos voceadores tienen el íntimo y delicado encargo de meter la historia de todo un día convertida en periódico por debajo de la puerta de nuestra maloka urbana.

El madrugador ¡zas! del periódico que entra a casa por debajo de la puerta es el más discreto despertador que lengua mortal decir no pudo.

Al primer canto del gallo, los voceadores saben que tienen que estar vendiendo su mercancía noticiosa. Al fin y al cabo nada más extemporáneo que un periódico a las diez u once de la mañana. Parece un periódico de ayer, como en la canción de Lavoe.

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