Edición 353

Una flauta y un clarinete brillaron

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Una flauta y un clarinete brillaronEl pasado uno de junio, realizó su última presentación de la temporada del primer semestre del año la Orquesta Sinfónica Juvenil del Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali. Con un elenco de 44 jóvenes - 18 mujeres y 26 varones -, el maestro italiano Remo Ceccato dirigió a estas ya no promesas de la música culta sino a verdaderos artistas que arrancaron aplausos y vivas por la impecable interpretación en esta noche de gala.

La Orquesta ejecutó dos suites para pequeñas orquestas del compositor ruso Igor Stravinsky, el Concierto para clarinete y orquesta en Fa menor del alemán Carl María Weber de la escuela romántica, con el solista Gerby Keiny al clarinete y la Suite No. 1, Danzas y Aires antiguos del boloñés Ottorino Respighi. En el final de la primera parte del concierto el solista Camilo Ojeda Andrade con su flauta hizo gala de sus progresos con el respaldo de sus compañeros de orquesta con el Concierto para flauta y orquesta de cuerdas en Sol mayor de Johann Joachim Quantz.

Camilo Ojeda inició sus estudios en el Instituto a los 12 años y hoy cursa el cuarto semestre de música. Con estatura de roble joven, de solemne terno negro y su flauta de riguroso blanco fue la estrella en el firmamento de la noche. Con seguridad, talante serio y movimiento apacible fue dominando la partitura y elevando las notas de su encantada caña. Su delgada figura corporal, la precisión del ritmo y su fuerza dramática a punto tuvieron al público atento a los tonos que hizo volar de su flauta casi mágica al soplo de su aliento y toque magistral de sus dedos.  

J. Joachim Quantz, 1897-1773, prolífico compositor alemán, fue un flautista innovador del barroco, seguidor de Vivaldi. El concierto que escribió para flauta y orquesta para cuerdas en sol mayor tiene los tres tiempos que su estilo y su época exigían. El primero allegro, lleno de violines, cellos y contrabajos mientras la flauta rondaba por en medio de sus predios. El segundo más airoso o moderado en el que la flauta también se enseñoreó por la casa. Finalizó la pieza clásica con un paso allegro vivace como para satisfacer los gustos más refinados. La sala estaba animada con el baile de violines bajo la quijada quieta y las manos en los arcos mientras la flauta reía.

Orgulloso debe estar el Instituto Departamental de Bellas Artes. Estas muestras de cada miércoles en el espacio de Beethoven 7:30 son de lujo. Y la de esa noche mostró el trabajo que profesores y alumnos hacen en largas jornadas. Preparar un concierto de esta calidad y con autoría de maestros como Stravinsky, Quantz, Weber y Respighi implica que hay dedicación, concentración y batuta sabia. No de otra forma se consigue ofrecer esta clase de presentaciones que suponen presupuesto, exigencia y respuesta de la ciudadanía a este menú cultural para toda una temporada en el primer semestre del año.

La música, llamada culta o clásica, es parte de la enseñanza que reciben los estudiantes del Conservatorio Antonio María Valencia y del Instituto de Bellas Artes. Quienes estudian escogen su instrumento, sea guitarra, violín, oboe, percusión, fagot, viola, cello, trombón, flauta o contrabajo o para el canto. Y sus maestros los guían por entre partituras, historia de la música y técnicas en su oficio. Estos conciertos de la Sala Beethoven cada semana son ejercicios de fogueo para los que optan por concurso de solistas y concertinos. Cali se honra de tener dos Orquestas Sinfónicas una juvenil y la Filarmónica y la Banda Departamental. El miércoles la Juvenil brilló con la flauta de Camilo, el clarinete de Gerby con la dirección de Ceccato. Felicitaciones.

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