Edición 359

El premio Pulitzer de Novela y la película “Los actores del conflicto”

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En este peregrinaje por un cementerio de objetos inútiles en los que se ha convertido el mundo actual, basta un paseo doméstico para mirar algunos aparatos inservibles y una televisión vomitando estupideces.

Tal vez valdría hacer un inventario de lo esencial. Dos hechos de la agenda cultural pueden ayudar a develarlos: el premio Pulitzer para Cormac McCarthy, con su novela La Carretera; el mismo autor de No es país para viejos, llevada con éxito al cine; y el estreno de la película colombiana Los actores del conflicto, de Lisandro Duque.

En La carretera, un padre y un hijo caminan por un territorio devastado, autopistas descascaradas, hombres con caretas antigás, sobrevivientes de una gran destrucción; arboles vencidos y entre esta atmosfera de devastación magistralmente descrita por McCarthy, lo único que da cuenta de lo humano es el dialogo de un padre con su hijo que se ha impuesto la misión de protegerlo en un largo viaje que no lleva a ningún lado.

En medio de esa desolación en la que nos puede ir dejando esta irrefrenable carrera de la destrucción del planeta, que para algunos es sólo un delirio apocalíptico de unos que se ganan el prestigio de buenos escritores, habrá siempre vestigio de lo esencial en el dialogo con nuestros hijos. He aquí uno de la novela:

Miró a su padre. -¿Que objetivos tenemos a largo plazo? - dijo.

-¿Qué?

-¿Qué cuales son nuestros objetivos a largo plazo?

-¿Dónde has oído tu eso?

-No lo sé.

-No, dime.

-Tú lo dijiste.

-¿Cuándo?

-Hace mucho

-¿Y qué te respondí?

-No sé.

-Ya. Pues yo tampoco. Vamos. Está anocheciendo-.

En esa larga noche en que nos preguntamos para dónde va el destino de la humanidad, al lado puede estar un niño como espejo de la desolación o la esperanza. Y en el terreno lleno de fosas comunes y de secuestrados tragados por la selva que nos ha legado la historia reciente de Colombia, que intentan recubrirla con campañas de país de pasión y felicidad ¿Qué hay que rescatar para continuar ese viaje? Algo que sugiere la cinta “Los actores del conflicto”: la ingenuidad.

Ser ingenuo es andar por ahí como esos personajes de la película de Duque ganándose unas moneditas haciendo números de pantomima y obras panfletarias, dándose un lugar en un sistema en el que no se cree. Que la ingenuidad se nos vuelva necesaria en un país manipulado; es andar por ahí como esos despistados mimos que buscan la manera de irse para otro país, porque como uno de ellos dice: Aquí para ganarse una visa hay que ponerse a echar bala.

Los despistados mimos de la película somos todos los que nos vamos quedando con lo esencial en el país de las mentiras que se ha vuelto Colombia. Para no ir muy lejos, en estos días mientras en Bogotá los militares hablan de derechos humanos, en el Cauca a los indígenas que se movilizan exigiendo esos derechos son agredidos.

Ingenuos y vulnerables nos podemos sentir si nos vamos quedando con lo esencial y desde ese lugar no queda otra cosa que darle rienda suelta a algún talento, como conversar con nuestros hijos, mientras sigue pasando la larga noche.

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