Edición 367

El poder del servicio amoroso (Parte II)

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El poder del servicio amoroso  (Parte II)Por desgracia en nuestros países, donde la pobreza abunda, nos hemos acostumbrado al dolor de los otros. Lentamente el corazón se endurece y el espíritu se encoge.

No queremos hacer nada por los demás, ningún tipo de compromiso que nos ate a una situación de dolor, y si ayudamos es con unas cuantas monedas, pero no queremos que vuelvan a pedirnos. En medio de nuestra rutina de egoísmo, competencia, insensibilidad, ansiedad de poder y falta de compasión, nos paralizamos y no actuamos, atribuyendo despectivamente a otros la responsabilidad por nuestra inercia; incapaces de entender que para el mundo entero quizás seamos unos desconocidos, pero para ese ser humano que nos necesita somos su mundo y su gran oportunidad. Por eso, haz el bien y no mires a quién, ni a cuántos; sólo uno marca la diferencia.

Soledad era una anciana que vendía empanadas con ají, en una pequeña canasta, al frente de la universidad donde yo estudiaba. Tenía la piel resquebrajada por el sol y el rostro surcado por los años y el sufrimiento. Aún recuerdo aquella tarde cuando la conocí. Un día en que me quedé hasta bien entrada la noche, al pasar junto a mí, dijo sonriendo: “¿Qué hace aquí sentado? Es muy peligroso, lo pueden atracar y hacerle daño. Es mejor que se vaya a la casa”. Esta mujer me llamó la atención.

El poder del servicio amoroso  (Parte II)Desde ese día nos hicimos amigos y conversábamos frecuentemente. En sus ojos se percibía una gran tristeza y con el tiempo logré entender a qué se debía. Ella siempre corrió en contra del tiempo, tuvo todo lo que quiso; pero por ese afán de tener y tener no disfrutó a sus verdaderos amigos, ni tuvo tiempo para su familia. Su sueño desde niña era ser adulta para ayudar a los más necesitados; planeó su vida alrededor de esta idea, pero el tiempo fue pasando y siempre existió un pretexto para no emprenderla. Toda su vida se la pasó diciendo lo mismo y tomando las mismas decisiones, pero nada cambió. Ella se dedicó a atesorar posesiones materiales y dejó de lado incluso a su familia. Pero sorpresivamente un día perdió todo lo que había conseguido; además todo el mundo le dio la espalda y se quedó sola.

Me decía que siempre vivió en una incertidumbre total y en un vacío espiritual que no podía llenar al no dedicar su vida al servicio, algo que realmente enriquecía su espíritu y hacía vibrar su corazón. Por eso, finalmente, un día decidió separar los problemas reales de los imaginarios, y eliminar los últimos porque eran una pérdida de tiempo y ocupaban mucho espacio en su mente y en su corazón. Cuando yo la conocí, a pesar de no tener grandes posesiones materiales, ella se sentía feliz de ser una sencilla vendedora de empanadas que permanecía en la calle sirviendo a los demás.

Cuando la voz del corazón nos alerta contra la insensibilidad y la apatía, y no la escuchamos ni actuamos, sentimos una frustración cada vez más fuerte, hasta llegar a un gran vacío espiritual que no podemos explicar. A veces reaccionamos ante el dolor, nos damos cuenta de que podemos hacer algo y tiramos unos cuantos pesos, unas cuantas cosas viejas o nuevas, y después no queremos comprometernos. La palabra “compromiso” nos aterra. Lo hacemos unos cuantos días, pero dejamos de hacerlo muy fácilmente.

¿Por qué? ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Por qué somos tan insensibles ante la necesidad apremiante de unos niños que claman amor y compasión? ¿Por qué no nos duele comprometernos en una serie de gastos incalculables, en cosas totalmente superficiales, y en cambio, por sencillo que sea, nos cuesta tanto trabajo o molestia prestar un buen servicio a la humanidad? De nada nos sirve toda la inteligencia si no tenemos la sabiduría para vivir en paz y armonía a través del servicio amoroso.

Herramientas para fortalecer el espíritu a través del servicio

El poder del servicio amoroso  (Parte II)• Cuando todo parece perdido, y a punto de derrumbarse, realmente tienes una gran oportunidad para dar un paso adelante y despertar ese mago que existe en tu interior; para encontrar la magia de servir a los demás y compartir con ellos tu riqueza interior. Esto te motivará a desarrollar el fabuloso arte de dar y continuar fluyendo donde otros resuelven detenerse.

• Es muy distinto que te sientas parte del cosmos a que sientas el cosmos dentro de ti, porque allí están la fuerza y la capacidad para desarrollar todo ese potencial innato y crear oportunidades no sólo para ti mismo sino para los otros. Haz un esfuerzo por salir de esa zona de comodidad y, en vez de conformarte con la rutina, intenta crear nuevas alternativas y posibilidades.

• Cuando estás dispuesto a dar lo mejor de ti mismo no debes obrar como si se tratara de una prueba de amor, afecto, amistad o lealtad hacia los otros, sino que tal actitud debe fluir como agua mansa y transparente. Así te fortalecerás, al obrar con tanto amor que tu espíritu vibre y te haga volar muy alto.

• Si no vives para servir no sirves para vivir; no estás preparado para una vida de plenitud.

Recuerda que la caridad empieza por casa. Muchas veces una sonrisa, una llamada por teléfono, una visita corta, una tarjeta de agradecimiento o una invitación, pueden proporcionar un poco de la alegría que una persona necesita.

Actúa hoy para que cuando pase el tiempo y se acerquen tus últimos días, no te arrepientas de lo que has dejado de hacer. Envejecer es obligatorio pero crecer es opcional.

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