Edición 371

La mujer se disfraza de hombre

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La mujer se disfraza de hombreAl 27º Encuentro de Mujeres poetas colombianas  de Roldanillo.

Recostado junto a mi amada vimos con fervor inusitado Pope Joan, una película traída por el flemático alemán Sönke Wortmann del siglo noveno a nuestra época. Una historia femenina siempre atrae con su perfume a ellas y a nosotros los omnipotentes hombres. Hay muchas leyendas de hombres. Personajes que existieron,  luego de muerte su fama crece y sus obras sobrepasan las barreras de la realidad. Leyendas de mujeres solo hay de brujas, de hadas y de artistas y heroínas malogradas que se perdieron con sus sueños.

La cinta deja correr cuadro por cuadro la verdad que nunca pudo ser ocultada por el dedo eclesiástico. Johanna Wokalek de manera magistral y con ternura de mujer nada ingenua, puso su delgadez al servicio del cargo que una vez desempeñó Pedro en el trono papal de Roma.

Sin más recursos que su cuerpo débil y su espíritu fuerte la protagonista retrata la imagen que ningún historiador ni artista ha logrado captar de lo que es capaz de realizar una mujer de cualquier época. Realizar aquí quiere decir llevar a la realidad lo que se designa como un ideal. ¿Qué potencial tiene en su cuerpo, en sus neuronas, con su inteligencia, con su astucia una mujer? He aquí la respuesta de por qué la Iglesia se esforzó tanto en mantener bajo el manto de la ignorancia lo que había debajo de la saya de este espécimen raro en la historia de las mujeres. Su tenacidad por estudiar, por acceder a la gloria, al poder en igualdad de fuerza y prestigio que los hombres de cualquier tiempo.

¿A cuántas mujeres no han visto los siglos surgir como un cometa, como un turbión de pompas de jabón, como una encrespada ola en el mar y en la tormenta, para luego verificar que era una visión pasajera y que debajo de ella siempre aparecía el yugo del hombre para apagar la ilusión y desbaratar la vana pompa? Dalila, la de Saba, Cleopatra, Salomé lucieron deslumbrantes junto a sátrapas y reyes. Mas no superaron el reto de tomar por el mango el curso de los hechos. Se engolosinaron con las dádivas, el oropel, las joyas y los placeres. 

Johanna desde niña, desde la privación familiar, se irguió altiva para seguir la inspiración que su Destino le dictaba. Fue conquistando acciones, enfrentando hechos que se oponían a su pensamiento, imponiendo su convicción a costumbres y doctrinas. Comprendió que pasando por hombre en lugares y situaciones que siempre habían sido posesión de ellos, ella triunfaría y los dominaría. Comprendió que esa ha sido la forma en que el hombre ha podido ganarle el juego a la mujer. Burlándose de ella.

Se introdujo con pantalón y modales de hombre a reuniones y conciliábulos, utilizó la sagacidad de quienes creyeron en ella y puso en práctica su intuición y sus saberes que sobrepasaban a los de sus contemporáneos. Guardó sus calzones y se apretó los pechos. Su voz y su temple no cambiaron. Todos creyeron en ella, subió al solio, gobernó a su antojo y no necesitó organizar huelgas ni rogar favores. Hasta que la sangre de la criatura que había en ella la delató y avergonzó a quienes habían votado por ella. ¿Cómo una mujer había reinado sobre ellos sin tener que renunciar al amor y a su Destino ni venderse a los vaivenes de los machos con palios y bastones?

Ella lo dijo: “Me disfrazaré de hombre pues estoy atada al cuidado de la casa y de las tareas diarias y gobernaré entre los hombres sin desprenderme de mis convicciones y deseos”.

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