Edición 375

Llegó por fin la prosperidad de la mano del TLC

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Llegó por fin la prosperidad de la mano del TLCColombia está ansiosa de que se ponga en marcha el triunfante TLC. Nunca antes había esa sensación de progreso, de paz interna, de bocas llenas por la confianza en un gobierno. El Tratado de Libre Comercio era el eslabón perdido en nuestra economía y ahora los Estados Unidos nos lo ha aportado.

Seremos un país grandioso, pujante, sin pobres, sin necesidad de madrugar por la mañana. El cuerno de la abundancia de nuestro escudo nacional por fin es una realidad.

Brotarán en nuestros fértiles campos las hortalizas, los tubérculos, las gramíneas, las frutas, las flores. Nuestros campesinos gozarán de la misma condición de los granjeros en Europa y en el País del Norte. Rugirán los tractores sobre la generosa tierra, los rastrillos abrirán los surcos gloriosos y las cosechas serán como en los tiempos del Faraón egipcio. No habrá ya pobreza ni violencia en los campos.

En la ciudad habrá orden, calles bien pavimentadas, malls modernos, cadenas de almacenes como WalMart y por sus pasillos correrán ríos de gente comprando. Habrá empresas nuevas de inversionistas yanquis que pagan mejor que nuestras cooperativas y mayordomos criollos. No habrá mendigos en las calles. Todo será como en Nueva York o Boston. Seguiremos el ejemplo de nuestro país hermano los EE. UU. Florecerá la industria automotriz, la minería gringa, la canadiense, la inglesa, la coreana y la brasilera en nuestro suelo. Ya no habrá inflación y será de menos un dígito el desempleo.

La seguridad social será una realidad junto con el trabajo. El Congreso imitará al de EE.UU. y revisará sin necesidad de paros ni de marchas las leyes laboral y de salud.

Las vías se confiarán a concesionarios de Japón y China con derechos hasta de 20 años. Colombia no desembolsará un solo peso. Ya no habrá trancones en las vías de Cundinamarca, ni de Antioquia o Santander o el Valle. Las minas de oro, de carbón, de uranio, de ferroníquel pasarán a manos de colombianos como los Acevedo y Leal que aman su subsuelo. Ya no habrá contaminación de ríos con mercurio ni cianuro ni devastación de bosques. Por fin Colombia será una meca de hidrología, fauna y flora como lo previó Humboldt.

Las Farc, los paramilitares y las Bacrim entregarán sus armas, sus trincheras e indemnizarán a los millares de víctimas. Las selvas y los campos descansarán de estas plagas cincuentenarias que echaron raíces junto a la coca y la amapola. No habrá más falsos positivos ni desaparecidos ni cilindros ni secuestros en los pueblos.

El TLC será el remedio de nuestra pobreza. El PIB crecerá y la productividad de la industria y el comercio. Tanto que el Banco de la República bajará las tasas y los Bancos ya no cobrarán tanta comisión ni por sacar plata en cajeros. Los fondos de pensiones se manejarán por el Estado y se acabarán comisiones por administración, colocación de bolsa, baja del dólar y otras arandelas de todos los fondos privados.

Colombia debe sentirse feliz por la llegada de este niño TLC en paños menores. Lo consentiremos y celebraremos porque viene con el pan debajo del brazo.

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