Edición 365

A yo me llaman “Odiseo”

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A yo me llaman “Odiseo” Este lenguaje cifrado a que nos tienen acostumbrados los asesores de inteligencia de las fuerzas militares parece de novela épica. Así como a los huracanes los gringos les ponen nombres raros para que el fenómeno anual parezca más terrible, así nuestros astutos capitanes han tomado el nombre del máximo héroe de Ítaca, el gran Ulises, para su episodio que terminó en la muerte del enfermo Alfonso Cano.

La semana entrante en Sábados Felices vendrá la versión número 20, emocionante, más que la real, de lo que ocurrió de veras. Las presentaciones de los concursantes del programa musical "Yo me llamo" con la diva divina y nunca envejecida Amparo Grisales y con Luz Amparo la imitadora y Jairo Martínez, el simplista historiador, han tenido su clímax con el elenco de los sábados. Qué voz la que imita a Amparo, los ademanes de quien parodia a míster universo Calzadilla y la propiedad de los personajes anónimos que debutan sin tanta preparación, vestuario y afeites. Ha sido mejor la distracción y la verdad fuera de bambalinas que han mostrado sus personajes.

Así también está ocurriendo con la mal llamada Operación Odiseo. Ya llevamos cuatro días de novela, de micrófonos abiertos para subintendentes, soldados, coroneles y generales. Fuera del Ministro y el Presidente que se perdieron la primicia de la chiva. Sin embargo, se dice que todo estuvo muy bien planeado, "impecable", y sin ninguna baja. Solo que a un helicóptero le llovieron 20 litros de munición de fuego amigo.

Odiseo estuvo fuera de su patria chica 20 años tejiendo una historia de traiciones y amistades, lejos de su mujer Penélope, con barcos anclados en mal sitio y con asechanza de dioses y guerreros experimentados. Esta parte de la historia con ayuda externa y con helicópteros, tucanos, un millar de hombres camuflados y experimentados dentro y fuera del país, bien los hubiera querido tener el héroe griego. Hubiera terminado la expedición en menos de 20 días. Lo que se ha dicho por emisoras y se ha escrito y mojado tanto periódico es mucho para tan corta hazaña.

La lengua castellana se ha quedado en pañales frente a la griega para narrar los hechos con pelos y señales. Todo mundo quiere comer de la torta del triunfo. El Presidente, el primero, los ministros, los de la armada, los de a pie, los...Poco a poco se va viendo quienes fueron los artífices de la inteligencia. La plata, la recompensa fue lo máximo. Los anónimos informantes primero divisaron la presa y después las potentes mirillas de los tucanos la fueron siguiendo por trochas, calles y veredas con una perfección milimétrica. Tal vez los extranjeros que acompañaron aprendieron la estrategia.

Las operaciones Fénix, Jaque y Sodoma, fueron superadas. ¿Qué botín deja el triunfo? El perro faldero de Cano, la caja de dientes, la billetera, las gafas, los cigarrillos botados, el campamento destruido, no su compañera sentimental como se dijo, sino su enfermera muerta, y cinco o seis candidatos a sucederlo y más plata para ofrecer a quienes los delaten. La traición sí paga, es la conclusión de esta novela vernácula.

Seguirán los capítulos a lo largo de los años, cada vez más costosos. Porque una película de hoy en día cuesta millones de dólares. Lo dirá Caracol que gasta en vestuario, traslados de concursantes, hotel, asesores de imagen, pelucas, y pago a los twiteros para que llamen al programa mientras se está trasmitiendo el show de A yo me llaman. El público se levantará de sus sillas y aplaudirá, cantará y llevará carteles. Y en el próximo capítulo surgirán nuevos y millares de héroes que reclamarán victoria.

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